Un viaje a San Ramón ¡inolvidable!, con dos amigos --mi segundo, el primero fue con dos amigas. Ciudad linda, con austeridad bella y republicana, galanura provinciana, sin destruirse. El parque bien cuidado se llena de sabrosuras que hacen la boca agua por la gustosa tradición: gallo de arracache, lomo relleno, empanaditas crujientes de maíz y queso, pozol y arroz con pollo... pero las bombetas nos hacen correr, ¡ya vienen los Santos!
Muchos de los Santos son tallados por Lico Rodríguez, el admirado imaginero ramonense. Vienen en hombros de honestos y honrados hombres: campesinos de verdad, alegres, orgullosos de sus santos que alzan en andas de flores y frutos: la Candelaria, la Inmaculada, ambas de Lico, verdaderos tesoros; un Santiago Matamoros precioso en su primitivismo, el Santo Cristo de Esquipulas, San Rafael, la Piedad, la Negrita de los Angeles. Llegan todos a saludar a San Ramón: ¡el Moncho milagroso, que llaman allá!
San Ramón, vestido de cardenal, preside la procesión muy serio, aunque baile. Se sabe poco de él pero ¡que gran Santo fue! Mercedario consagrado por San Pedro Nolasco, se fue de esclavo voluntario a Argelia para redimir a unos cristianos prisioneros. Los moros le pusieron un candado en la boca para que no predicara. Cuando fue rescatado, el Papa Gregorio IX lo hizo cardenal. Pero murió joven. Nuestro Señor le administró el viático y así premió su amor eucarístico. Por eso siempre lleva custodia en la mano.
De manigueta. En medio de la tremolina, siempre encantadora y simpática andaba Auristela. Con su bolsa de manigueta --que llama ejecutiva--, su vestidillo de zaraza e infaltables tenis Bilsa. Campesina pura --breteadora, como dice--, no orillera ni pachuca, siempre luchando por sobrevivir. Oriunda de El Rosario de Naranjo, trabajó en el Mercado y sirvió de doméstica en casas encopetadas de San José. En la Plaza de Toros vende empanadas. La vi hablando con el Dr. Alberto Sáenz, famoso pediatra, quien seguro vino a San Ramón por aquello de Nonato.
Es impresionante ver -me encanta andar con ella- como la gente la quiere. Telita, Telica, niña Auristela, la llaman y ella le manda saludes a la sobrinita, a la abuelita, al tío enfermo, al papá del trapiche. Me atrevería a apostar que si un diputado --tal vez dejando de lado al Dr. Abel Pacheco-- o un ministro, se echará a la calle en la víspera de San Ramón en esa ciudad, cuando llegan los Santos, nadie se enteraría y no recibiría ni el cariño ni los aplausos que recibe Auristela, la mágica Auristela.
Ese día maravilloso fue recreado por Repretel Canal 6 en Aló que tal, en el que Auristela contó sus aventuras ramonenses. El programa lo producen Jorge Mairena y mi amigo Edgar Silva, quienes tienen fino sentido de la conservación de lo nuestro. Fui a Cartago --como todos los años-- a la Pasada de la Virgen con la ilusión de encontrármelos allá, ¡lástima que no fueron! Se perdieron una de las más bellas tradiciones costarricenses. ¡Espero verlos un día de estos otra vez, por los paisajes y andares de Costa Rica!