El desarrollo de la Administración Pública después de la Revolución de 1948 ha estado basado, entre otros, en tres paradigmas. El primer paradigma ha consistido en considerar que administrar lo público era diferente de administrar lo privado. El segundo paradigma, en parte consecuencia del primero, ha consistido en la prédica que en la administración pública lo importante son los resultados. El tercer paradigma, se puede sintetizar en una frase de nuestros ancestros: “Zapatero, a tus zapatos”, con lo cual se fomenta la especialización profesional.
Utilizando Six Sigma como metodología y filosofía de análisis, hemos llegado a la conclusión que actualmente el enfoque de los paradigmas citados son falsos dilemas que no permiten la gestión adecuada de la administración pública.
En primer término, la metodología de Six Sigma se puede utilizar tanto en organizaciones trasnacionales como en pymes, en empresas privadas como en entes públicos. Six Sigma busca la satisfacción del cliente, y de igual forma, ese es el cometido de los entes públicos; en uno u otro caso se pagan precios o impuestos por productos o servicios.
De igual forma, la distinción abrupta entre resultados y uso de los recursos tiene que ser igual tanto en la empresa privada como en la pública. Solo a Maquiavelo le interesaba que el Príncipe tuviera éxito en cualquier circunstancia sin importar los medios que utilizara; sin embargo, él como estudioso de la historia romana, olvido la lección del rey Pirro, quien derrotó a los romanos, pero a costa de todos sus recursos –derrota pírrica–, lo que le impidió conservar el poder.
Caras de una moneda. En otras palabras, no solo se trata de obtener resultados, sino de que estos deben lograrse con el mejor uso de los recursos disponibles, por lo que eficiencia y eficacia son dos caras de la misma moneda. En esta dirección, igual de importante es la estabilidad macroeconómica como la distribución del ingreso y el gasto social.
El tercer paradigma fomenta la especialización, pero hoy, en un mundo globalizado y complejo, se requiere la participación de grupos interdisciplinarios que puedan abordar problemas desde diversas perspectivas o profesionales con diferentes perspectivas que les permitan una mayor variedad de alternativas para enfrentarse al constante cambio que demanda el mundo actual. Cuando los zapateros se dedicaban a su labor, las demás cumplían con sus otros papeles específicos (agricultores, comerciantes, maestros, entre otros). Sin embargo, en el siglo XXI, el zapatero no solo tiene que dedicarse a sus zapatos, sino también a mercadear su negocio y productos, buscar la mejor ubicación, bajar costos y mejorar la calidad, es decir, no se trata de cualquier remiendo, sino de la mejor reparación (calidad) al mejor precio posible: esto es Six Sigma.
La variabilidad –en los procesos– es el enemigo a combatir por parte de Six Sigma, dado que genera desperdicio (o “muda” como dirían lo japoneses), mientras, que en la Administración Pública es su aliado permanente, de forma tal, que no todos los ciudadanos recibimos igual trato, con lo que se quebranta el imperativo kantiano de igualdad ante la ley.
La dispersión y la falta de uniformidad de la Administración Pública para enfrentar problemas, y su tendencia a utilizar promedios, no dejan determinar el grado de satisfacción de los clientes, a quienes no les importan los promedios, sino el defecto específico que ha tenido el producto adquirido o el servicio recibido. Al no existir una metodología de trabajo única para enfrentar los problemas, se opta por crear más instituciones o más leyes.
El modelo de desarrollo de Cosa Rica claramente se orienta hacia una economía de servicios, pero, mientras no se utilice una metodología uniforme para toda la Administración Pública, continuaremos teniendo un engranaje institucional asistémico y variable.