Opinión

Rosana canta canciones de amor

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Hace exactamente dos años, en una ciudad de cuyo nombre sí quiero acordarme, pero que no puedo decir sin nostalgia, veíamos una de esas insufribles maratones de año nuevo por tele -¡puaj!- y en medio de los "ropopompóm" borrachos de un Raphael más que decadente, acribillando villancicos, apareció una gordita de pelo revuelto, yins, camisa blanca de hombre, con pinta de chico malo y faldas de por fuera, cantando como una diosa o, mejor aún, como una diosa triste, como una diosa que cantara como una mujer melancólica y dulce, en la estética contraria a la españolada y al oropel navideño, una mujer que cantaba desde lo profundo de la Tierra donde se encuentra perdido el corazón humano.








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