3 enero, 2007

El señor Ottón Solís, en el artículo “TLC: los hechos” (Página Quince, 19/12/06), cita numerosas cifras para intentar demostrar que los tratados de libre comercio de varios países con EE. UU. han tenido consecuencias negativas, razón por la que el Gobierno debería retirar el TLC de la Asamblea Legislativa.

En primer lugar, quiero comentar que la evolución de las cifras globales de exportaciones, empleo, producción, pobreza de los países es el resultado de múltiples factores, sociales y políticos, internos y externos. No es la firma de un acuerdo comercial lo que va a determinar la evolución de todos los indicadores de un país. Por ello, el análisis de estadísticas debe ser riguroso, demostrar la relación entre el hecho y su consecuencia y evitar la simple vinculación mecánica. No es lo mismo ser parte de la medicina, que parte de la enfermedad.

Lo segundo, y considero que es el tema central en esta discusión, es que los acuerdos comerciales en las circunstancias actuales de la economía internacional son un instrumento fundamental, me atrevo a decir imprescindible, para que un país como el nuestro promueva la creación de empleos, estimule el nivel de inversión y obtenga un marco jurídico sólido para las relaciones comerciales. Don Ottón, y los opositores al TLC, evitan referirse a cuál es la alternativa que proponen para impulsar estos objetivos.

Una gran diferencia. Para la inversión nacional y extranjera hace un mundo de diferencia que existan o no reglas claras, deberes y derechos comunes, en el comercio con Estados Unidos, al que muchas empresas nacionales y extranjeras exportan sus productos, a las que están vinculadas medio millón de costarricenses. Las innumerables ventajas de nuestro país se vuelven nada, para la inversión nacional y extranjera orientada a la exportación, sin la existencia de un acuerdo comercial, en especial cuando el resto de nuestros vecinos ya lo tienen. Y para el resto de la economía nacional hace un mundo de diferencia tener o no un sector exportador dinámico, motor del dinamismo de muchas otras actividades económicas internas.

El TLC con EE. UU. es un acuerdo internacional que otorga, por un lado, condiciones comerciales muy favorables a nuestro país, de acceso en libre comercio inmediato para la casi totalidad de bienes para los productos costarricenses y hasta 20 años de plazo para eliminar los impuestos al comercio a los productos estadounidenses que compiten con nuestros sectores productivos. Sin el TLC seguimos comerciando con base en las condi- ciones definidas en una ley de los EE. UU., de la cual, incluso por decreto, el Presidente de ese país nos puede excluir. Por otra parte, con el TLC el país mantiene sus potestades en el manejo de sus políticas públicas en materia de educación, salud, políticas laborales y ambientales y todas aquellas relacionadas con la profundización de una sociedad más integrada y solidaria.

Termino mencionando que una encuesta realizada por Procomer entre las empresas exportadoras, que está en el sitio web del Ministerio, revela que, con la aprobación del TLC, el 58% de las empresas exportadoras dicen que aumentarán sus exportaciones a Estados Unidos y el 75%, que aumentarán el empleo; por su parte, frente a un eventual rechazo del TLC, el 59% de las empresas afirman que reducirían sus exportaciones y el 70%, el empleo. Con ello me refiero, en los términos de don Ottón, “a los hechos” que sí están de base en la votación a favor del TLC.