A propósito de la última encuesta del INEC, hemos vuelto a oír los mismos discursos y a leer los mismos refritos sobre las bondades de nuestro modelo de desarrollo económico. La economía ha crecido, nos aseguran y, al ser el pastel más grande, la pobreza y el desempleo han disminuido. Mientras tanto, del otro lado de la acera, escuchamos que los resultados de la indagación confirman que el paradigma neoliberal tiene como único propósito hacer más ricos a los que ya lo son.
A veces escuchamos y leemos a los analistas exponer sobre la necesidad de fortalecer la clase media. En otras oportunidades, refuerzan su punto de vista argumentando que “sin clase media se distorsiona la distribución de la riqueza en el país” o “la clase media es la que ha hecho grande a Costa Rica”.
A pesar de las diferencias de opinión en torno al modelo económico, tirios y troyanos están de acuerdo en que la economía debe crecer, pero que es preciso disminuir, drásticamente, la población pobre del país. ¿Cómo lograrlo? Comencemos por decir que la pobreza es una decisión.
La persona pobre lo es porque esa fue su elección. Llegó la hora de entender que la pobreza no se disminuye, de manera sostenible, con bonos de vivienda o alimentarios o con dádivas. El único logro que hemos alcanzado con esta práctica es robar la dignidad a quienes reciben esas regalías y declararlos inservibles e incapaces de levantarse por sí mismos.
Como un águila. Para revertir la grave asimetría que, en redistribución de la riqueza afrontamos los costarricenses, la primera acción debe ser invertir en las personas. El costarricense debe tener la convicción de que vale por lo que es y no por lo que sabe o tiene. El compromiso nuestro, por otra parte, debe ser crear las condiciones para que aprenda a soñar y a elevarse, no como una gallina, sino como lo hace un águila. Quienes tienen una visión para su vida, nunca anteponen los recursos –dinero, educación formal o estatus social– a la toma de decisiones y tampoco permiten que su pasado o su presente determinen su futuro.
Mi pueblo perece por falta de visión y por falta de conocimiento. Los sueños se realizan cuando se abrazan con pasión y cuando se asume el compromiso de prepararse a fondo para lograr su cumplimiento, porque la mano diligente será prosperada y la mano perezosa, empobrecida. El tiempo es ahora, para que el costarricense comprenda que el éxito exige trabajo, que la excelencia no es un evento sino una práctica cotidiana.
Motor de crecimiento. ¿Cómo financiar los sueños de los costarricenses? El país debe, en primer lugar, reconocer que las micro- y pequeñas empresas son el motor del crecimiento económico y los más importantes generadores de empleo. Por eso los Gobiernos están obligados a estimular esquemas innovadores de préstamos, a mantener un programa permanente para la incubación de nuevas empresas y a ofrecer la asesoría que asegure su éxito.
Hubo una vez una banca estatal que ayudaba al micro- y pequeño empresario o empresaria con dinero y asistencia técnica. Hubo una vez una banca estatal que iba en busca y hallaba a los costarricenses creativos, con ideas innovadoras y con vocación empresarial. La política gubernamental debe hacer suya esta práctica porque solo beneficios traerá al país.