Los pueblos escogen libremente su destino. Nadie puede obligarlos a aceptar lo que la sociedad rechaza. Las naciones son libres de avanzar o de retroceder. Cierto es que normalmente hay condiciones favorables para tomar un rumbo o, por el contrario, obstáculos que parecen insalvables. Pero es igualmente cierto que los regímenes más perversos de la historia comunistas, fascistas, nazistas, dictaduras tropicales de derecha y de izquierda nacieron con el respaldo abierto o solapado de las mayorías y por lo menos la tolerancia cómplice de buena parte de las élites. Las consecuencias siempre han sido terribles. Cuando la experiencia destructora avanza y se impone la necesidad de la rectificación, suele ser demasiado tarde. Solo a sangre y fuego pueden los pueblos liberarse de la perversidad que los gobierna.
Actuar de inmediato. Este pudiera ser el caso de Venezuela, a menos que actuemos de inmediato para evitar que el Gobierno se consolide con la destrucción institucional de la República. El país está gobernado autocráticamente, camina hacia una dictadura totalitaria. El modelo es Cuba comunista. El ídolo inspirador, Fidel Castro, escoltado por otros iconos mundiales como Che Guevara, Gadaffi, Mao, Huseín, Marulanda y "El Chacal" Ramírez, en el altar de una revolución ideologizada en dirección contraria a los principios del Estado democrático y de los valores fundamentales que alimentan nuestra razón de ser como nación. Hoy nadie duda en Venezuela, tampoco en el mundo, de la veracidad de estos comentarios derivados de un discurso presidencial repetido en todos los escenarios.
Hugo Chávez no ha engañado a nadie en lo que de verdad importa. Dice y repite lo que se propone. Nadie tiene derecho a equivocarse a estas alturas. Especialmente su propia gente agotada en el ejercicio inútil de explicar lo obvio, de disimular el mensaje presidencial o, simplemente, de hacerse los locos frente a un delirio que va a desembocar en una dolorosa tragedia. El problema es su propia torpeza. Teniéndolo todo en sus manos, todo lo ha hecho mal. Primitivo, ignorante, inculto, guerrero de pacotilla, mentiroso y sin modales, merece más ser jefe de una pandilla de mala muerte o de una banda de cuatreros que presidente de esta nación que ya no lo soporta. Jamás permitiremos que la perversidad que nos gobierna confisque el futuro de la presente y futuras generaciones.
Año para la historia. Termina el año con la ruptura radical del país nacional del país real con el Presidente y su gobierno. La explosión del pasado 10 de diciembre mostró a un pueblo sólidamente unido a sus dirigentes naturales, a los líderes de las estructuras organizadas de nuestra sociedad democrática, convencidos, al margen de las diferencias de intereses políticos, económicos o sociales, de que este gobierno no puede ni debe continuar.
El 2001 se convertirá en un año para la historia. La confrontación es inevitable. Hugo Chávez puede tener concentrado todo el poder, pero desde hace rato dejó de representar al pueblo venezolano. Tiene que irse para que, asimiladas las lecciones del pasado, el país camine con dignidad hacia el progreso. [©FIRMAS PRESS]
Abogado y político venezolano. Exgobernador del estado de Zulia.