En vista de los históricos actos de corrupción que recientemente nos han sacudido, mucha gente está perdiendo justificadamente la confianza en los funcionarios públicos, los cuales han abusado no solo del erario, sino de la patria per se y de todos quienes vivimos en este noble y bello país.
En meses pasados tuve una experiencia que resalta la calidad moral y honestidad del pueblo costarricense.
En uno de mis viajes de investigación al parque nacional Braulio Carrillo, corrí con la mala suerte de extraviarme por un día junto con dos de mis colaboradores. Inmediatamente, los guardaparques del puesto de Quebrada González iniciaron la búsqueda. Estuvieron a punto de alcanzarnos hasta que se hizo tarde y tuvieron que regresar al puesto. Sin embargo, nos limpiaron un sendero y nos dejaron una nota que nos permitió salir del bosque a la mañana siguiente.
Ni dádivas ni “premios”. Estos guardaparques caminaron por horas en terreno muy difícil sin esperar ninguna recompensa. Son los mismos que, con muy pocos recursos materiales, arreglan senderos cargando pesados sacos con arena, o los que defienden los parques nacionales (esos laboratorios y pulmones naturales que tan poco apreciamos) de la tala y la extracción ilegal de productos del bosque. Al mismo tiempo, son los que comparten sus conocimientos con investigadores, turistas, y niños de escuelas y colegios, de nuevo, sin esperar recibir comisiones exorbitantes, dádivas o premios por sus “actos correctos”.
A Pedro, Sergio, Rafa, Marlon, don Carlos y a los demás funcionarios del puesto de Quebrada González, así como a todos los guardaparques del sistema de parques nacionales, el más sincero agradecimiento. Gente como ustedes nos hacen recuperar la fe en la Costa Rica que todos conocemos y queremos, aquella de labriegos sencillos, honestos y trabajadores.