Jacinto había perdido a sus padres desde que era un niño y trataba de ganarse la vida en las calles de Limón, haciendo cualquier cosa.
Allí por el muelle ofrecía sus servicios como limpiabotas y ayudaba a las señoras llevándoles sus compras hasta la casa. Hacía de mandadero, de ayudante o de peón porque la vida resultaba dura para aquel chiquillo huérfano. A veces le tocaba dormir en el muelle o en el corredor de una casa. Sin embargo Jacinto nunca perdió su buen humor ni el espíritu sentimental y aventurero que lo acompañaba desde niño.
A los siete años se dispuso a servir de barbero de niños en la barbería de don Alfonso Sobalbarro. Como allí había una guitarra, entonces él aprovechaba los ratos desocupados, tratando de sacar alguna piecita en aquel instrumento. Pronto creció su entusiasmo y decidió pedirle a Conchita Coblenz que le diera lecciones. Conchita aceptó gustosamente al ver las habilidades que tenía Jacinto.
El chiquillo aprendía rápidamente y después de su trabajo se iba para el muelle a cantarles a los pasajeros que bajaban de los barcos, así se ganaba algunos centavos más durante la noche. Una tarde llegó al muelle el barco VERAGUA, y entre los pasajeros que bajaban venía un señor gordo, alto, moreno, que Jacinto reconoció de inmediato, por las fotos que había visto en el periódico: se trataba de Pedro Vargas. Jacinto cogió su guitarra y se puso a cantar INDIA MIA, una canción que Pedro había grabado recientemente para una película. Cuando don Pedro lo oyó, se volvió hacia él y con una leve sonrisa sacó dos dólares de la bolsa y se los regaló. Con el tiempo Jacinto se fue convirtiendo en un muchacho.
En busca de fama. Un día se le ocurrió coger para Puntarenas y allí consiguió trabajo en un barco pesquero. Su intención era llegar a los Estados Unidos, había aprendido el inglés y cada día tocaba mejor la guitarra.
Cuando llegó a San Diego, California, trató de quedarse pero no lo dejaron desembarcar porque sus papeles no estaban en regla y todavía era menor de edad. Total que siguió trabajando en el barco y un día lo dejaron desembarcar en Colombia, allí se puso a cantar en una cafetería y le ofrecieron un contrato. Se quedó una larga temporada, luego unos norteamericanos se lo llevaron para el Hotel Alférez y fue ahí donde Jacinto comenzó a convertirse en una figura artística de verdadero relieve.
Comenzaron a llegarle ofertas para actuar en otros países y fue de esta manera como tuvo la ocasión de actuar en Venezuela, Perú y casi todo Suramérica. Cuando volvió a Costa Rica, la empresa Urbini lo contrató para que hiciera una presentación junto con el estreno de la película ELVIRA, la primera película parlante realizada en el país, con las actuaciones estelares de José Tassies y Maritza Urbano.
En una ocasión en que Jacinto actuaba con el Pibe Hine en Managua, a ambos se les presentó la oportunidad de actuar en Miami. Teodoro Picado hijo, que en ese tiempo trabajaba como piloto en esa región, les ofreció llevarlos en su avioneta y ellos aceptaron y le agradecieron el servicio. De camino el tiempo empezó a ponerse nublado y parece que se perdieron. En eso Picado logró visualizar un aeropuerto en medio de las nubes y para allá se dejó ir. Habían llegado a La Habana. Eran los primeros días posteriores a la revolución cubana y estaba de moda en ese país fusilar a los adversarios políticos. Alguien se dio cuenta de que Picado era amigo de Tacho Somoza y por esa razón casi los mandan al paredón.
Don Chico Orlich, que entonces era nuestro presidente, llamó a Manuel Mora, jefe del Partido Comunista, y lo mandó para Cuba con la consigna de que debería regresar a Costa Rica con esos muchachos sanos y salvos. Manuel se fue para La Habana y después de hablar un largo rato con Fidel, consiguió que este le entregara los prisioneros, logrando así un gran éxito en la misión que don Chico le había encomendado.
Este Jacinto del que hemos venido hablando, es el mismo que un día que se encontraba con mal de patria en un país lejano, pensando en San José y Puerto Limón, decidió autobautizarse con el nombre de RAY TICO. Ya Ray fue llamado a ocupar el escenario más grande del universo y nos ha dejado huérfanos de guitarra.
Bueno Ray, nos has heredado tu ausencia y va a ser muy difícil olvidarte. Cantale al Señor: ESO ES IMPOSIBLE.