
Las recientes alzas en el precio del petróleo, ese producto tan básico en la vida moderna, han llevado a algunos a pensar que es necesario adoptar un racionamiento administrativo de la demanda de sus derivados (diésel, gasolina, etc.). Una de las medidas sugeridas consiste en limitar el uso de vehículos según los días y número de placas (por ej., que aquellos cuyas placas terminan en par circularán solo lunes, miércoles y viernes). Me propongo mostrar aquí que las medidas de racionamiento de mercado son muchísimo más baratas, y eficaces ( logran el objetivo buscado), que las administrativas y que, por tanto, debemos pensar seriamente en ellas.
Como punto de partida, tenemos que reconocer varios hechos: Primero, que históricamente todas las sociedades han sido de "consumo"; esto no es monopolio de la de los albores del siglo XXI. Segundo, que, a partir de la introducción del sistema de intercambio, todas han vivido "por encima de sus capacidades" pues con el comercio lograron tener acceso a muchos más bienes y servicios que bajo la autarquía. Tercero, el mercado libre es la mejor institución que la sociedad ha encontrado para optimizar el intercambio y la producción. Cuarto, siempre ha habido necesidad de racionar el consumo (es decir, de ajustarlo a los medios de pago) pues aun los gastos que unos financian con crédito son compensados con los ahorros de otros. Quien en un momento pide crédito para financiar un gasto alto (por ej., la construcción de su casa), en el futuro tiene que reducir el consumo para poder atender la deuda.
Un costo exagerado. El racionamiento administrativo, ejercido quizá por el Estado, es muy caro de instrumentar. ¿Cuántos tráficos necesitaría el Gobierno para asegurar que Juan Pueblo no maneje su perolito con placa par un martes o un jueves? ¿Cuán largas serían las presas en las vías, hoy insoportables, si cada cinco kilómetros detectaran un infractor? ¿Alcanzarían las grúas para llevarse a todos los carros que no acaten la medida? ¿No estaría Juan tentado a cambiar las placas pares de su carro, por las impares del de su esposa, que está medio chocho, con tal de movilizarse? ¿Cuán largas serían las presas en las paradas de buses y de taxis? ¿Alcanzaría la flota de buses existente para atender la demanda? ¿Cuánta la pérdida (social) de tiempo que se produciría? ¿Cuál sería el ahorro en consumo de derivados de petróleo y de divisas con esta medida? Quizá muy poco.
Una medida administrativa como la descrita es claramente ineficaz, pues Juan puede necesitar su perolito para ganarse el pan de cada día, en trabajos que realiza lejos de su casa, donde no hay siquiera líneas directas de buses. Por eso, el mejor mecanismo de racionamiento para Juan es el que él (y no un burócrata) considere que es el mejor.
Veamos ahora la naturaleza de un conjunto de medidas de racionamiento que siguen las reglas del mercado. Primero, hemos de aceptar que, si el precio del petróleo se va por las nubes, y no sucede lo mismo con el del café, las flores o la piña de exportación, entonces los "términos (internacionales) de intercambio" (T. de I.) han variado en nuestra contra. Esto quiere decir, ni más ni menos, que como país somos más pobres. Ante una situación de empobrecimiento procede ajustarnos la faja, o financiar el faltante. Lo primero es lo que se hace si tenemos razones para pensar que el deterioro de los T. de I. es permanente; y lo segundo si se trata de algo coyuntural. A nivel de país, un financiamiento del problema consiste en que el BCCR pierda reservas internacionales, pues tendrá que venderle más a RECOPE para el pago de sus importaciones. Pero supongamos que $60 por barril de crudo es muy mucho y que debemos ajustarnos, es decir, que hemos racionar el consumo de ese bien. Hay varias formas de lograrlo.
Dos formas de ajuste. Primero, se permite a RECOPE trasladar la totalidad del aumento del precio del crudo al de los productos finales y no se reconocerán aumentos salariales por lo que eso cueste. Es decir, los ajustes de salarios no recuperarán la inflación para no "validar" un gasto superior, que no toma en cuenta el empobrecimiento relativo que produjo el alza en el petróleo. La gente tendrá que escoger entre ahorrar combustible (por ej., un josefino en vez de manejar a Playa Flamingo irá a Ojo de Agua) o seguir consumiendo la misma cantidad, que ahora le cuesta más, en cuyo caso tendrá que gastar menos en otros menesteres (p. ej., en guaro, garbanzos o zapatos Adidas). El gasto de divisas del país no cambia y el patrón se ajusta al gusto de los (ahora más pobres) consumidores.
Segundo, se adoptan horarios de trabajo flexibles, y cada trabajador escogerá si comienza a laborar a las 7 a. m. y sale a las 4 p. m.; o si entra a las 9 a. m. y sale a las 6 p. m. Él, o ella, se ajustará al horario que mejor le sirva (por ej., si tiene niños que llevar a la escuela antes de las 7 a. m., escogerá entrar temprano). De 9 a 4 los trabajadores estarán en sus puestos de trabajo. Por esta vía se suavizan los picos y las presas en las calles; el tráfico será más fluido y se gastará menos combustible. También se depreciarán menos los vehículos y se producirá menos contaminación que en la actualidad. Otra medida, esta vez a cargo exclusivo del Gobierno, es que las estaciones de peaje incorporen más casetas de cobro, para evitar largas colas, y que se adopte la regla "5 y más es una multitud", de modo que cuando la fila sea de 6 o más vehículos eso autorice, a los de atrás, a usar una vía (que también habrá que habilitar) gratuita. Por su lado, el INS -ese asegurador monopolista, que por lo general tiene aseguradas a todas las partes en un choque- y los tribunales modificarán la medida de que ante una colisión los afectados deben quedarse quietecitos, donde hubieran quedado, pues esto impone altos costos a todos los demás conductores. En lo sucesivo, quienes chocan deberán correr los carros al faldón y allí hacen lo que tengan que hacer. Esto es bueno tanto con precios del petróleo altos, como bajos.
En Chile una vez se autorizó a todos los propietarios de vehículos privados con licencia de conducir (por ej., trabajadores y estudiantes) para que los utilizaran como taxi; lo cual muchos hacían cuando iban a su destino. La resultante de esto fue que se requerían menos vehículos para transportar la misma cantidad de gente durante las horas pico. Otra medida consiste en. Perdón. El espacio se me acabó. El equipo de gobierno tiene la palabra.