No existe requisito más actual e importante para la credibilidad democrática que un gobierno responsable y abierto al escrutinio de los ciudadanos. La responsabilidad que implica la obligación de los gobernantes de dar cuenta de sus actos a los gobernados: los que sufren las consecuencias de sus decisiones.
La rendición de cuentas se inserta en el régimen democrático moderno, cuyos principios centrales son la soberanía popular y el control de los gobernantes por los gobernados. Más claro, esto significa que el pueblo es forjador de su propio destino, como fuente originaria del poder público, y que los representantes populares tienen la obligación de rendirle cuentas de sus actos. ¡Si el poder deriva del pueblo, los gobernantes dependen y responden ante el pueblo!
La rendición de cuentas debería ser lo más natural en un sistema democrático: el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Sin embargo, en la práctica, parece muy difícil controlar el ejercicio del poder político y lograr que los ciudadanos y los administrados, en general, pidan cuentas y evalúen resultados. Ante esto, resulta de gran interés comprender qué significa rendir cuentas.
Precedente inevitable. En los sistemas democráticos constitucionales, el ejercicio del poder está precedido, obligadamente, por la responsabilidad. Rendir cuentas, entonces, en la acepción más general, implica responder por lo que se ha realizado. Más precisamente, es la obligación de todo funcionario, principalmente de los jerarcas de los entes públicos, de informar y demostrar, con objetividad y transparencia, en qué, cómo, para qué y a qué costo se ha invertido el dinero público, de acuerdo con programas y políticas públicas establecidos con anterioridad.
Así, un modelo de gestión pública pensado en función de la rendición de cuentas debe ser capaz de responder a una serie de preguntas para determinar su desempeño. Por ejemplo: ¿cuáles son los objetivos y las políticas que orientan su gestión?, ¿quiénes son los beneficiarios de los bienes y servicios que produce?, ¿cuáles son las necesidades de esos beneficiarios y los programas definidos para satisfacer esas necesidades?, ¿cuáles son las metas anuales y plurianuales?, ¿quiénes son los funcionarios responsables de los programas?, ¿cuáles los mecanismos para controlar su ejecución? y ¿en qué plazo y con qué costo se prevé cumplir con las metas establecidas? (Mario Mora Quirós).
Según lo anterior, rendir cuentas es mucho más que la costumbre establecida por nuestros presidentes de contar por la radio lo que han hecho, en espacios cortos durante la semana o los domingos antes de los partidos de futbol.
Responsable y transparente. Rendir cuentas consiste en someter a evaluación rigurosa los programas y los objetivos de la administración pública, según criterios previamente definidos. No se puede hablar seriamente de rendición de cuentas sin una adecuada programación; es decir, sin haber definido de antemano las metas anuales y periódicas en términos de la producción física de los bienes y servicios, intermedios y finales, que se pretenden alcanzar durante un determinado período. Más claramente, programación, rendición de cuentas y control de resultados son parte de la actuación responsable y transparente de los gobernantes.
En suma, en los sistemas constitucionales el buen desempeño democrático no se asegura solo por la mera realización de elecciones periódicas o con el cumplimiento de la ley por parte de los funcionarios públicos; es imperativo, además, que las cosas se hagan según los principios de responsabilidad, programación, economía, eficiencia, eficacia, transparencia y rendición de cuentas.