Las personas tienen conocimiento de la realidad que los rodea mediante los órganos de los sentidos -vista, oído y tacto-, pero la verdad es que esa es solo una parte de la realidad, pues a veces cosas que parecen reales solo son aparentes, como el caso del filo de un cuchillo, que parece un borde fino, continuo y regular, pero no es así visto al microscopio.
Para entender y conocer esta otra parte de la realidad utilizamos la razón -un equivalente de la inteligencia-, facultad que poseemos gracias a nuestro maravilloso cerebro y que nos permite entender las cosas mediante la creación de juicios.
Así, nuestra razón establece hipótesis que buscan explicar la causalidad de lo que percibimos. La naturaleza o el mundo exterior serán entonces concebidos según lo que nos revelan los sentidos, más la interpretación lógica que la mente hace de esos conocimientos adquiridos. Gracias al razonamiento y a la manera en que nos damos cuenta de los hechos, podemos decir que aparece el concepto de ciencia, que significa en forma simple una manera de conocer las cosas que nos rodean y los sucesos que nos afectan. La ciencia nos proporciona un conocimiento de lo que para el ser humano es lo real; con ello, se logra entender el mundo en que vivimos que parece ser, en cierto modo, previsible y, aunque la mecánica cuántica señala que a nivel subatómico no es posible predecir nada, sí lo es a nivel del macrocosmos en que nos desenvolvemos.
Impresión y realidad. Hay que tener cuidado al emitir opiniones absolutas sobre lo que observamos mediante los órganos de los sentidos, ya que no siempre una impresión sensorial corresponde exactamente a la realidad; así el sentido común puede equivocarse. Para ayudarnos en esto creamos la tecnología que son los medios y procedimientos para la fabricación de productos industriales o científicos y de otro tipo. Es así como hemos complementado la capacidad de los sentidos y hacemos realidad los inventos teóricos de la ciencia. Gracias a los microscopios vemos bacterias y virus, e incluso moléculas; por los telescopios apreciamos el cosmos y lo que ahí sucede.
El racionalismo y el empirismo fueron los dos caminos creados por los filófosos griegos de la antigüedad para ayudar a adquirir el "conocimiento" y buscar la verdad de las cosas. Los que sostenían que el primero era el fundamental, insistían en que el verdadero conocimiento solo puede alcanzarse a través de la razón, mediante la elaboración de conceptos abstractos propios de la inteligencia y no obtenidos de los sentidos. Los que apoyaban el empirismo insistían en que el conocimiento solo puede lograrse mediante la experiencia. Hoy sabemos que ambos son complementarios y, posiblemente, en unos casos influye uno más que el otro.
Comprensión y experimentos. La ciencia se basa en el supuesto de que razonando a partir de los conocimientos trasmitidos por los sentidos, se puede elaborar modelos para comprender los hechos y, en especial, encontrar y explicar las llamadas leyes de la naturaleza, que parecen regir al Universo. Se da así por entendido que esas pautas generales pueden ser comprendidas por las personas y comprobadas mediante experimentos e incluso muchas veces predecir hechos con ellas. Quién estudia ciencias debe tener presente que la mayor parte de las leyes físicas son de probabilidades y sólo indican que un hecho puede verificarse con cierta verosimilitud, pues la ciencia de la naturaleza parece proceder por reglas no infalibles y, de acuerdo con ello, las teorías científicas no son verdades absolutas, a pesar de que con ellas hemos construido la bomba atómica, los rayos láser y la televisión e ido a la Luna.
Debemos entonces aceptar que los conocimientos científicos son siempre provisionales y además, la ciencia no tiene respuesta para todo. Maro Bunge, distinguido filósofo de la ciencia, dice que en la ciencia el dato reemplaza al mito, la teoría a la fantasía y la predicción a la profecía. A veces nos cuesta entender si el Universo actual que describe la ciencia o el mundo del átomo pertenece al género realista o al fantástico, aunque conforme avanzamos en el conocimiento de las cosas entendemos cada día más de ellas. La ciencia desempeña un papel fundamental en el desarrollo social y económico de la humanidad. No obstante, la ciencia no es buena ni mala, simplemente es, y aunque el hombre debería utilizarla para lograr un mejor desarrollo humano, no es posible encontrar en la ciencia este fin, pues el hombre puede emplearla para fines buenos o malos en virtud de que es él quien establece en qué emplea cada descubrimiento científico.