Para muchos lectores, la pregunta ¿qué es educación pública? quizás sea una tontería. ¡Todo el mundo –especialmente en Costa Rica– sabe qué es educación pública! Aun así, a la luz de una reveladora distinción que hacen los sociólogos entre “funciones manifiestas” y “funciones latentes”, a veces conviene formular tales interrogantes sobre asuntos de interés nacional, pese que la respuesta parece obvia. Me explico:
“Funciones” se refieren a respuestas de organizaciones específicas e instituciones en general a necesidades de la sociedad o intereses de sectores; y pueden ser descritas en forma de objetivos, junto con actividades requeridas para lograrlos. Tales respuestas, objetivos y actividades pueden ser “manifiestos” o “latentes”: los primeros son explícitamente reconocidos, de manera formal y oficial; en cambio, los segundos son implícitos, suceden de hecho, aparentemente sin designio (Robert K. Merton, Teoría y Estructura Social, Cap. 1). Los primeros suelen ser legítimos; es decir, aprobados por los miembros de la sociedad, mientras los segundos tienden a ser cuestionados, dudosos o rechazados (Peter Berger, Introducción a la Sociología, Cap. 2).
Descuido o ligereza. Mi preocupación es que, en Costa Rica, los ciudadanos atendemos solamente las funciones manifiestas de la educación pública. No tomamos en cuenta las funciones latentes, o suponemos que no existen. Y tal actitud ciudadana, llámese descuido o ligereza, no es reciente, sino que tiene hondas raíces en la historia nacional, datadas desde principios del siglo XIX. Debido a esa larguísima tradición, es cada vez más difícil entender que se trata de prácticas y costumbres discrecionales, susceptibles de revisión y transformación. Simplemente las “vivimos” sin reflexión, reproduciéndolas de modo rutinario y reiterado, como si fueran componentes inconmovibles del ser costarricense.
De esa manera, se ha acumulado una enorme y creciente cantidad de errores, distorsiones, contradicciones, ineficacias y desviaciones en la educación pública, los cuales han adoptado la forma de “funciones latentes” y son ignorados o tolerados porque solamente enfocamos y reconocemos las “funciones manifiestas” de las instituciones encargadas de ella. En una investigación realizada hace 25 años, sobre el desarrollo de la fuerza laboral costarricense, comparé algunas funciones manifiestas y latentes de la educación pública, especialmente en la primaria, entre mediados de los siglos XIX y XX. Después, para el Primer Congreso Internacional de Administradores Educativos, celebrado en 1997, esbocé algunas hipótesis adicionales sobre la misma materia correspondientes a la segunda mitad del siglo XX. Y, hasta la fecha, no he recibido noticias sobre estudios que hayan rebatido esos planteamientos, que reconozco son primeras aproximaciones, cuestionables y polémicos.
Marco conceptual. Considerando el flujo sostenido de críticas sobre la educación pública en artículos periodísticos de años recientes, alcanzando un máximo a raíz de lo que cabría llamar el “debate sobre los 200 días”, resumiré los estudios anteriores en una serie de tres entregas en esta página. Como han sugerido algunos que conocen esos trabajos, ofrecen un marco conceptual con datos cuantitativos y cualitativos, que tal vez contribuya a ampliar, ahondar e integrar esa discusión tan importante para el futuro de nuestra sociedad.