Creo que nos quieren matar. ¿Quién? No lo sé, pero lo siento. No lo sé porque no tiene nombre propio, no tiene ojos, no tiene cuerpo, no está en ningún sitio, pero parece que está en todos, como sucede con “el Estado”, “la república”, “la municipalidad”, “la dirección”, “la contraloría”, “el concejo”. ¿Sabe alguien a quién le toca garantizar nuestra integridad y seguridad cada vez que pasamos por un puente? No, ¿verdad? Nadie lo sabe, pero es alguien que ha puesto un rótulo que dice: “Peligro, puente en mal estado. Cruce a su propio riesgo” o algo así en uno que otro puente; se diría que es la mano de advertencia del Ángel de la Guarda, pero, ¡no!, es la mano de alguien que más bien nos dice: “¡Pase!”; alguien que sabe que en una de nuestras pasadas, hoy o mañana, podemos caer al vacío y no quiere impedirlo; ese quiere matarnos.
Por varios años, porque me consta, ha estado ahí un tal rótulo pegado sobre un pilar del puente colgante a la salida de Orotina rumbo a Puriscal; ahí los pobladores me han dicho que, si no muere uno del impacto, cuando se caiga, muere comido por los cocodrilos en el río. La última vez que pasé por él lo hice temblando y me propuse nunca más volver a cruzarlo. Tonto sería si lo hiciera. Pero hay gente que necesita pasar por ahí y, si no lo hace, puede perder su trabajo y pasar hambre; eso también es criminal. ¿Qué creen ustedes que significa “Pase bajo su propio riesgo”? ¿No es esto lo mismo que decir: “Mátese, pero bajo su responsabilidad”? ¿No le están diciendo a uno que ese riesgo que se menciona ahí es la misma muerte? ¿Qué puede ser ese riesgo como no sea que se caiga el puente y que no va a ser responsabilidad de nadie, sino de uno?
Estamos en peligro. No sabemos a quién le importamos en medio de un puente, pero sí que estamos en peligro. Nos lo dicen con esos rótulos y nos lo dicen los puentes que se desploman, que han sido generosos: aún no han matado. En un lapso cortísimo se ha desplomado el de la Catarata del Ángel, que era nada menos monumento histórico (si el enemigo público permite que se caiga un monumento histórico, ¿qué le va a importar que me caiga yo?) y el de la comunidad de la parte baja de Los Anonos, otro en Desamparados, otro en Cartago, aparte de algunos menos visibles, supongo, porque caerse... se van cayendo.
Recuerdo que hace tiempo un ingeniero previno en la televisión acerca de defectos que se habían encontrado en el puente junto al estadio Saprissa y no sabemos si era cierto o no, si hay actualmente algún defecto o no, si se hizo algo al respecto o no; y he oído rumores acerca de defectos en el puente Rafael Yglesias sobre el río Colorado y acerca de otros que yacen bajo un nubarrón de dudas. Vemos muchos sin barandas ¿para ver si alguien cae de ellos? Y vemos puentes peatonales que no usan los peatones y menos si son más entrados en años, porque sus escaleras no son amigables y su aspecto general es, a mis ojos, antiestético. ¿Qué es, fobia a las rampas? ¿Menosprecio por los contribuyentes?
Los muertos pagan. El 5 de marzo del 2001 cayeron al río Duero en Portugal dos automóviles y un autobús con pasajeros al desplomarse un puente de metal, con lo que se acusó al Gobierno por negligencia y renunció el ministro de Obras Públicas; pero ¿quién pagó? Los 70 muertos.
Quizás esté un poco aprensivo, signo de los tiempos; es decir, en cuanto al asesino que quiere matarnos. Quizás no haya mano humana en esto, que en todo caso sería inhumana, y tal vez sean los puentes mismos los que se han confabulado para acabar con esa carga que les imponemos cotidianamente. Pero si alguien no nos quiere matar, de verdad que lo parece y que tarde o temprano podría lograrlo.