
A raíz de la actual controversia sobre si se debe sacrificar la producción de alimentos para los seres humanos a favor de la producción de ‘biocombustibles’ para las máquinas, deseo realizar el siguiente comentario como una contribución profesional de un ‘casi octogenario’ respetuoso de la naturaleza.
El último estudio de la productividad potencial del frijol común c.v. ‘Talamanca de Olivenza 2008’ abarcó 1,125 plantas pertenecientes a 24 familias o descendencias directas de otras tantas plantas superiores, aquí consideradas ‘madres de alta fecundidad’. Dicho estudio se inició el 7 de enero y concluyó el 30 de abril pasado.
En el estado de madurez fisiológica, cuando el color del follaje cambia de verde a amarillo y la planta comienza a morir, se midió individualmente el diámetro mayor del tallo en la ‘cicatriz cotiledonal’ en mm; se contó el número de vainas fértiles por planta así como el correspondiente número de semillas palpadas. El objetivo: documentar cualitativa y cuantitativamente la hipótesis de que el rendimiento potencial del frijol está íntimamente ligado al vigor de la planta y que este se expresa a través del diámetro mayor del tallo a la altura de la cicatriz cotiledonal. Otros factores morfofisiológicos como el tipo de raíz (típica o pivotante vs fibrosa) o la forma del follaje (‘columnaris’ vs ‘arredondeado’) también pueden contribuir a determinar el vigor pero con menor fuerza.
Se aclara que el desarrollo del presente método de selección no pretende competir con el clásico método de fito mejoramiento genético; solamente se busca complementarlo.
Una enseñanza valiosa puede derivarse de la comparación de los resultados alcanzados hasta 1992 (informe inédito) con los obtenidos el presente año. En 16 años de selección por alto rendimiento, el diámetro mayor del tallo creció en promedio casi un milímetro (11,9%) el número de vainas por planta aumentó de 21,6 a 30 (38,8%) y, lo que es más significativo, el número de semillas palpadas por planta tuvo un incremento del 68,3%, dado que actualmente el cultivar Talamanca de Olivenza produce en promedio 168 semillas contra 99,8 semillas (ambas cifras por planta) en 1992 (c.v. Pacuaral).
El reto que se nos plantea es cómo debemos proceder en adelante, tanto científicos como agricultores, para transformar agronómicamente un rendimiento potencial en una realidad permanente. Es obvio que dicha transformación presupone que el frijolar del futuro debería ser de muy alto rendimiento por hectárea, constituido por plantas cuyo vigor iguale o supere la marca de 9,2 mm de grosor del tallo, 42 vainas fértiles y 282 frijoles por planta. La densidad poblacional debería ser 111.000 plantas por hectárea.
Con esta información a mano puede calcularse el rendimiento en: 282 semillas por planta multiplicado por 111.000 por hectárea da como resultado 31.302.000 semillas por hectárea. Si un kilogramo de frijoles contiene aproximadamente 4.500 semillas, entonces las 31.302.000 semillas por hectárea se convertirían en 6.956 kg por hectárea, lo que equivale a 7 toneladas métricas por hectárea. Un resultado espectacular, pero que sigue siendo potencial.
Realidad agronómica. ¿Qué posibilidad hay de que ese potencial se vuelva una realidad constante? La respuesta es compleja. Afortunadamente se puede echar mano a una realidad agronómica para tratar de contestarla inteligentemente. Es un hecho que en el 2008 hallamos una planta excepcionalmente buena: vigor asociado con un tallo de 10,9 mm, 60 vainas y 317 semillas palpadas. Lo interesante, sin embargo, es que también se registraron 87 plantas cuyo vigor osciló entre 7 y 9,7 mm de diámetro y la producción varió entre 90 y 265 semillas por planta. Los correspondientes valores medios son 8,3 mms de diámetro y 172,9 semillas por planta, respectivamente; todo lo cual indica que el porvenir es promisorio para el cultivo de frijoles, desde que se dicten directrices lógicas y se apoye al agricultor costarricense.
La selección de ‘madres’ excepcionalmente prolíficas y su multiplicación para obtener semilla mejorada ha sido la clave para elevar la eficiencia productiva del frijol común en la finca ‘Olivenza’, situada en Los Sitios de Moravia, San José. Las prácticas culturales que allí seguimos son bastante conservadoras (‘la Verónica no está para tafetanes’) El frijol se cultiva en suelo de origen volcánico, en lomillos de 80 cm más 40 cm de acequia; la siembra es manual (con espeque o macana) y se depositan 3 semillas escogidas por uniformidad y sanidad aparentes en cada hoyo, separados entre sí de 35 a 40 cm; se abona con fertilizante 15-15-15 una o dos veces (poca cantidad por hoyo) se deshierba y se da una mínima protección fitosanitaria; se riega según las necesidades y, finalmente, se cosecha cuando las plantas entran al estado de madurez fisiológica. Nada fuera de lo común. Sin embargo, se reconoce que lo ideal sería cambiar al cultivo mecanizado, pero la finca es relativamente pequeña y la idea es experimentar antes de comercializar la agricultura.
Volviendo al tema inicial (la controvertida decisión entre el hombre y la máquina) creo que en materia agrícola hay lugar para todo si la meta se fija en el incremento de la eficiencia productiva. También creo que el frijol común debe ser tratado con respeto y gratitud pues alimenta a ricos y pobres por igual. Creo que el cultivo tiene un potencial muy alto y asequible. Por todo esto he dedicado varias décadas a su estudio y cultivo, con el único fin de documentar al máximo que su potencial es real y no ficción.
Conclusión. Los resultados del experimento reflejan un alto potencial de rendimiento obtenido en la variedad de frijol estudiada aplicando un método de siembra similar al utilizado por los agricultores. Esto es un punto favorable para la agricultura costarricense en los ámbitos de subsistencia y de pequeños productores. Queda pendiente su validación a nivel de mediano y gran productor, quienes posiblemente realizan sus siembras poniendo en práctica paquetes tecnológicos superiores a los aplicados por los agricultores citados anteriormente.