El 26 de agosto de 1940, Costa Rica inicia una nueva etapa en su vida cívica e institucional: se funda la Universidad de Costa Rica, centro de cultura superior para formar los profesionales y ciudadanos que habrían de regir al país a partir de la segunda mitad del siglo XX. Para conmemorar este acontecimiento, el Consejo Universitario creó el Premio Rodrigo Facio Brenes, en reconocimiento al extraordinario hombre que diseñó los lineamientos de una universidad del futuro.
En el presente año, la Universidad honra con el Premio a otro de los grandes intelectuales, humanistas y paradigma de ciudadanos: Rodrigo Madrigal Nieto. Se reconoce en él al inquieto joven, líder de los movimientos estudiantiles de esa universidad en los momentos difíciles de la década de 1940. Igualmente se reconoce al joven abogado, periodista, empresario, dedicado a promover nuevas áreas de la vida económica y un nuevo modelo de mejoramiento de vida para los costarricenses a través del desarrollo industrial. Pero no solo eso; es el siempre joven estudioso de los problemas nacionales, que, a través de su quehacer político como diputado y presidente de la Asamblea Legislativa, y luego ministro de Relaciones Exteriores, impulsa la realización de los valores esenciales para nuestra patria y Centroamérica: la paz, la democracia, el diálogo y la justicia social como instrumentos dignificadores de América.
Voz vibrante y enérgica. El pasado 26 de agosto, en el campus universitario Rodrigo Facio, se escucha de nuevo la voz de quien fuera presidente de la FEUCR y utilizando la tribuna más alta y prestigiosa –tal y como él lo señaló– “que es la de la Universidad, luz y razón, para denunciar angustias de muchos a quienes se les ahoga la voz sin poder protestar…”, lo hace “llamando las cosas por su nombre, porque con la Universidad deberíamos salir los ciudadanos a recobrar el valor de la palabra para hilvanar ese diálogo nacional que obviamente se ha perdido… Es el diálogo para crear una imagen cierta, un valor entre las partes; porque aquí, entre nosotros, a base de silencios y abiertas falsedades, se ha ido inculcando en los ciudadanos una desconfianza preocupante que ojalá nunca llegue a derrumbar la sociedad”. Es la voz de Rodrigo Madrigal Nieto, quien nos invita a reflexionar sobre la grave crisis que vivimos en este momento. Pero es también la voz vibrante y enérgica de quien denuncia “el franco deterioro de nuestra democracia y el justificado desencanto popular”. E, igualmente, el hecho de que “nos agobian desde hace mucho tiempo, y cada día con más frecuencia, las revelaciones de una corrupción escandalosa, hija de la conjugación de la política con los negocios”.
Es también el hombre valiente que nos señala cómo, en medio de la globalización económica, debemos tener claro “que la política internacional no solo debe expresarse en el ámbito económico y comercial. Ha de ser también cauce para defender nuestros valores, fortalecer nuestros principios y cultivar nuestros ideales…, por este motivo, precisamente, una nación como la nuestra que, por decisión de su gente e imperativo de sus circunstancias, buscó un pacto de concordia desde su nacimiento a la vida republicana, no debe abandonar ese sendero para plegarse a circunstancias pasajeras o aleatorias”. Por ello nos llama la atención de cumplir con nuestro deber haciendo “un análisis pormenorizado, sereno y objetivo del TLC con los Estados Unidos: analizando qué dimos, qué nos dieron, y qué garantías ofrecen las normas generales de operación…”. Es importante que los costarricenses tengamos muy claro cuál sería la eventual privatización de las instituciones del Estado porque Costa Rica “no puede tolerar que los dirigentes políticos dancen entre venta y apertura al son del oportunismo”.
Derecho ciudadano. Finalmente, nos llama a reflexionar sobre los peligros de la creciente deuda interna y de la reforma fiscal que se discute en la actualidad en la Asamblea Legislativa y en la que debe prevalecer el fundamento legal, económico y “un fundamento ético que ha de responder al derecho ciudadano que el dinero con que contribuimos a las arcas nacionales se emplee no solo con honradez, sino con inteligencia y mesura…”. Efectivamente, eso es lo que esperamos los costarricenses de hoy para poder vivir mañana con dignidad.