En periodos de efervescencia social, los costarricenses debemos responder abiertamente y de forma imaginativa al cambio, librándonos por unos instantes de prejuicios arraigados, para valorar, de forma objetiva, nociones que, en principio, podrían ser consideradas irracionales o contrarias a las sostenidas, pero que, al final, podrían generar mayores beneficios a la sociedad. Podríamos entonces aprovechar ese momento de lucidez e imparcialidad para cuestionar un prejuicio sostenido por muchos y verbalizado últimamente por la vicerrectora de Investigación de la Universidad de Costa Rica, Yamileth González, en entrevista con La Prensa Libre (21/8/03).
En el reportaje, declara que “las universidades privadas no invierten en investigación porque su fin primordial es lucrar, y, desde esa perspectiva, se pierde el concepto de universidad social”. Esta aseveración contiene tres premisas falsas: que todas las universidades privadas tienen como fin primordial lucrar, que las universidades privadas no invierten en la investigación por lucrar, y que, por no investigar, las universidades privadas no cumplen su papel como “universidad social”.
Infundada generalización. Ignoro las pruebas que sustenten dichos argumentos; desconozco cómo determinó que el objetivo de los directores de todas las universidades privadas es obtener ganancia para sí, a expensas del servicio educativo que ofrecen.
Me consta que algunos sí velamos por que nuestro proyecto educativo sea de calidad y sostenible en el tiempo, so pena de desaparecer.
En todo caso, la lógica diría que un fin de toda institución educativa, no solamente privada sino pública, debería ser el de subsistir y crecer. ¿Se podría considerar esto un deseo de “lucrar”? En el caso de las estatales, el costo de no velar por el “lucro” ha sido el de endeudar al país, empobreciendo al pueblo, ya que, como dice la señora González, “en el caso de las universidades públicas, el dinero que nos sostiene proviene de los impuestos que le cobran a los costarricenses”.
Pertinencia social. En cuanto a la función social que cumplimos las universidades privadas, quisiera citar al señor Ángel Ruiz, en el libro El destino de Costa Rica y la educación superior, editado por Conare: “Los estudiantes que provienen de familias de menores recursos económicos, educados en instituciones públicas que en los últimos años han visto debilitadas severamente su calidad y su eficacia, poseen menos oportunidades para ingresar a la educación superior… La esencial exigencia académica es, muchas veces, un obstáculo real para que personas de estas familias puedan ingresar y permanecer en universidades como, por ejemplo, la UCR. La dinámica social, si no mejora la educación nacional, tiende a favorecer cada vez más a las clases sociales más prósperas del país”. En cambio, las universidades privadas atendemos las necesidades educativas de personas de estratos socioeconómicos más bajos y de áreas rurales. ¿Existe o no pertinencia social en la labor que realizamos?
Propongo otra hipótesis: las universidades privadas no invierten en la investigación, no por preferir lucrar, sino porque no cuentan con financiamiento suficiente para generar investigaciones que impulsen un salto cualitativo en el desarrollo nacional. Podríamos probar la validez de esta aseveración si a las universidades privadas se nos permitiera licitar por proyectos de investigación financiados con fondos estatales, en igualdad de condiciones. Estoy segura de que los directivos de algunas universidades privadas estaríamos en capacidad de ofrecer una administración más ágil, eficiente y transparente de los recursos y superar los resultados esperados. Doña Yamileth: ¿acepta el reto?