Es linda esta tierra y ni yo, criticón por excelencia de San Pedro de Montes de Basura, se atrevería a generalizar el diagnóstico último a todo el país, como hace poquitos días alguien sí hizo en La Nación . Yo que no soy experto en biología ni en fotografía (ni en nada), con mi camarita confeccioné ya toda una colección sobre flora y fauna de aquí. ¡Qué maravilla! Pero detrás del canto (estoy parafraseando a la colega Amoretti), otra cosa es la frase trillada del título, repetida hasta la saturación, en el sentido de seguir viendo a Costa Rica como algo lindo-inmóvil-aislado del mundo.
Por eso me sorprenden gratamente varias aseveraciones en el compendio Historia e incertidumbre (Edit. UCR, 2007), de Víctor Hugo Acuña. Como esta: “En los años dorados del Estado benefactor, los costarricenses fuimos indoctrinados y socializados mediante ciertas representaciones, bien conocidas, como colectividad, las cuales pueden ser identificadas con la noción del ‘excepcionalismo’ costarricense”. Que hubo (¡y hay!) razones para figura tan singular se debe simplemente a la realidad.
Observo con agrado que, al contrario de muchos de sus coterráneos, mi tocayo no se aferra a esa interpretación parcial a partir de cansina masticación de solo ciertos elementos del pasado. Señala: “para países pequeños como Costa Rica y los otros países centroamericanos, hoy es totalmente pertinente la pregunta sobre su viabilidad como economías, sociedades y estados nacionales”. Y el historiador parece concluir: “el destino de Costa Rica está ligado al de sus vecinos y nuestro bienestar, ahora más que nunca, depende de la economía global. Ahí está Intel para mostrar cuan cierto es esto y cuan vulnerables somos por tal circunstancia”.
Más allá… De allí el sugerente título de uno de los ensayos citados: “el lugar de la identidad y la identidad en su lugar”. Se trata de inspirarse en lo más valioso del pasado, pero mirando resueltamente hacia delante, ensanchando el horizonte, más allá del Valle Central siquiera. Pase lo que pase, tenemos que atrevernos a comparar con lo que día a día pasa fuera de nuestras exiguas fronteras: con su cabeza escondida, claro que el avestruz se cree el más lindo e inteligente del mundo…
Traigo a cuenta también el razonamiento de Iván Molina, otro historiador, en reciente Semanario Universidad , coincidente en el sentido de que la cosa no está en agitar banderas de un pasado simplificado, supuestamente idílico. Dejemos también de hablar tanto “con el corazón”. De cara al referendo, se nos obliga a sacudir la cabeza y sobre todo la mente: ¿hacia dónde queremos llevar a esa linda Costa Rica? Enriquecen, de verdad, esas reflexiones de colegas, frente a tanta basura –esa sí, antiestética y embotadora del pensamiento– que uno observa en cantidad de volantes y grafitis por doquier.