La llegada del siglo XXI nos ha planteado grandes cambios, con la consecuente crisis de valores y ruptura de paradigmas. Los medios de comunicación, televisión por cable y la Internet invaden los hogares costarricenses. Así, este desarrollo cosmopolita globalizado contrasta con la cultura tutora de los “deberías sociales” que entra en crisis. En este contexto, aparecen los modelajes de ropa íntima con la participación de mujeres y hombres, nacionales y extranjeros. Con frecuencia, en los diarios y la televisión, se ven caras conocidas, participando y gozando del expuesto cuerpo femenino, archivando en sus mentes y celulares antologías selectivas.
Hasta aquí, la sociedad costarricense parece recibir con beneplácito tales eventos relacionados con desnudez y exhibicionismo; lo hace sin pestañear y sin ningún tipo de prejuicio moral.
A finales del año pasado y principios del presente, se desata un rumor: existe pornografía filmada con mujeres costarricenses, accesible en Internet. Los medios del espectáculo, principalmente, comienzan a investigar y a ofrecer reportajes sensacionalistas de la identidad de algunas actrices participantes.
Hombres ignorados. El morbo se extiende e inunda el ambiente, atrapa a todos por igual. Aparecen algunas reacciones, opiniones, juicios y críticas respecto a la osadía de estas mujeres. Algunas féminas se rasgan las vestiduras por tales acciones, atribuyendo falta de respeto a sí mismas; incluso, grupos de poder salen en defensa de la mujer, manifestando desaprobación y aduciendo descaro, falta de moral y abuso del cuerpo femenino con fines lucrativos. Es notorio que en esas voces no se refieren a la participación de los hombres.
Mientras tanto, el país continúa promocionándose internacionalmente en Internet. Costa Rica goza de reconocimiento mundial en salud, inversión, turismo, etc. Como resultado, aumenta cierto tipo de visitantes interesados en uno de los aspectos promocionados: la oferta de una república que se presenta como destino turístico sexual. En este escenario aparece Michelle López, mujer contemporánea, modelo de ropa íntima y mencionada en las filmaciones. Su reacción ante la prensa es insólita, ambigua y contradictoria.
Su comportamiento y conducción ante la noticia, contradice la mujer liberada que era conocida hasta entonces; ahora frente al público muta, demandando a la empresa que afirma haber pactado contractualmente con ella.
Ostentación y justificación. Se insiste que Costa Rica es un país de derecho igualitario; no obstante, en la tragicomedia referida, es notorio que al hombre se le valida divulgar y ostentar, mientras la mujer debe justificar sus acciones. Se enfatiza la igualdad; sin embargo, los hombres son empujados a tener la mayor cantidad de experiencias sexuales, y la prohibición opera para las mujeres.
En la sociedad existe un criterio de decencia que aplica en general; sin embargo, cuando ese criterio permite en unos y juzga en otros, estamos ante injusticia en acción, validada morbosamente por la doble moral que viola el principio de la imparcialidad, según el cual los mismos criterios deben ser aplicados a todas las personas sin favoritismos. La doble moral es esa licencia que permite violar derechos, mientras socialmente nos hacemos de la vista gorda. Tal es el caso del hombre que se adjudica derecho a tener aventuras fuera del matrimonio y niega esa posibilidad a su pareja, o aquel que condena el adulterio públicamente mientras en lo privado mantiene un amorío.
Como se nota, son resabios del oscurantismo y puritanismo patriarcal: ante un mismo comportamiento, la mujer es “zorra” y el hombre “galán”, un donjuán que hace honor a la virilidad. En honor a la verdad, eso se llama hipocresía.