Con ocasión de haber escrito el libro Oculta intimidad: ensayo sobre la filosofía de santo Tomás de Aquino, se ha preguntado: ¿Es pertinente referirse al pensamiento de un hombre que vivió en una época tan lejana y tan distinta de la nuestra?
Para responder, conviene notar dos hechos: Primero, en las sociedades modernas están de moda enfoques “intelectuales” mucho más antiguos que los representados en los libros debidos a santo Tomás. El hermetismo, la alquimia, el culto a la naturaleza y al “cosmos viviente” tienen amplia difusión hoy. ¿Por qué se duda de la actualidad de santo Tomás si se reconoce, sin el menor sentido crítico, la vigencia de ideas cuyos orígenes se pierden en la prehistoria y se confunden con mitos, leyendas e irracionalidades? Es este un acertijo del entorno cultural posmoderno, tan lleno de cosas, pero tan vacío.
Trascendencia. El segundo hecho es que muchas ideas y obras poseen la peculiaridad de trascender las condiciones históricas dentro de las cuales nacen. Al respecto, es comúnmente aceptado que la obra de santo Tomás supera los límites estrictos del siglo XIII. Lo asediaron con críticas y decretos condenatorios, y la ortodoxia se acuarteló en sus viejas fortalezas, asustada ante el “herético” que osaba “devolver su nombre a las cosas”. Si de ella hubiese dependido, como también anhelan las ortodoxias actuales, habría creado por sociedad una “cueva de mudos” para que nadie se atreviera a perturbar su sueño. Pero el hijo de Landulfo y Teodora de Theate lo perturbó y no los deja dormir desde entonces.
¿Dónde se origina, en concreto, la sintonía de santo Tomás con el siglo XXI? En cuatro ideas básicas: la defensa de la autonomía natural de la razón científica; la afirmación de la complementariedad entre lo que es sabido y lo que es creído; la centralidad de la persona humana frente a las estructuras y la tesis de que, al menos bajo uno de sus aspectos, algo de la realidad no posee dentro de sí la razón suficiente de su propia existencia.
Crisis. Hay, además, otro motivo, esta vez empírico o coyuntural: la crisis de los proyectos políticos y éticos que traumatizaron al siglo XX (socialismo y anarcocapitalismo). Al fracasar estas utopías, se produjo un desplazamiento hacia búsquedas más fundamentales. La renovación del interés en santo Tomás es solo un ejemplo de ese movimiento más amplio, universal y diverso, originado en el colapso de las ilusiones colectivas del siglo pasado.
Es claro, por supuesto, que no solo a partir de santo Tomás es factible repensar la condición contemporánea, pero igualmente equivocaríamos la perspectiva si suponemos que su obra no contiene nada valioso y aplicable a las circunstancias actuales. Se imponen el diálogo y la apertura, no la rigidez de las prisiones mentales. Así las cosas, amigo lector y amiga lectora, independientemente de su filiación religiosa y de su visión del mundo y de la sociedad, los invito a leer a santo Tomás de Aquino; háganlo con las mayores exigencias de que sean capaz. Los espera una agradable sorpresa.