Opinión

Polvo de estrellas

Tenemos una cita con Jiménez Deredia

Hay que oírlo hablar del cosmos, de las galaxias, de las estrellas (y, habría que agregar, del polvo de las estrellas). Jorge Jiménez Deredia, nuestro ilustre escultor, diserta y explica, con una profunda e inspirada convicción, acerca de las fuentes de las cuales bebe para expresar lo que le dicta su poder creativo. Alcanza lo metafísico. Se remonta y recorre el universo como si le fuera harto conocido. Su testa es como la de una escultura realizada con cincel, fuerte, bien delineada, su expresión dulce. Su hablar es sereno, su palabra es certera y elocuente. Convence y deslumbra.

El ojo diestro de Mario Cardona va desentrañando por medio del lente de su compleja cámara de cine los matices del rostro del celebrado artista y acentúa dramáticamente sus expresiones y sus proporcionadas facciones. Un impresionante close-up de los concentrados ojos de Jiménez Deredia, nos asoma al instante en que el artista da tenues golpes al cincel que afina la pupila marmórea de San Marcelino de Champagnat, el santo que, en el siglo VXIII, dedicó su vida al bienestar de los niños. Desde el pasado 20 de setiembre, su estatua de mármol de cinco metros y medio de altura realizada por nuestro herediano artista quedó montada en un nicho diseñado por Miguel Ángel en la gran basílica de San Pedro en Roma hace algo menos de 500 años.

Descomunal acontecimiento. Una conmovedora escena nos deja contemplar al escultor cuando se acerca al Papa y el momento en que Juan Pablo II le da la bendición. Polvo de estrellas es el nombre de la producción cinematográfica de este descomunal acontecimiento que TAO

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