
La política de salarios crecientes es uno de los conceptos más importantes de la política costarricense actual. Analiza la función de los salarios en la tarea de distribuir la riqueza, y ha sido revitalizado ahora por las conclusiones del Congreso Ideológico Daniel Oduber, del Partido Liberación Nacional, e incorporadas en el Programa de Gobierno de don Óscar Arias.
Planteado por don Pepe en 1949 contra la tesis liberal, la socialdemocracia costarricense propone que los sueldos y jornales crecientes conducen a una mayor eficiencia de los negocios y al abandono de las actividades menos productivas (Congreso Ideológico, pág. 28). Para don Pepe el efecto de mejores salarios es que "el trabajo se valoriza y la gente de dignifica". No se admite que primero se debe crecer para luego distribuir, sino que existe una "compleja interrelación entre el aumento sistemático de la productividad como pieza clave en la búsqueda del desarrollo con bienestar".
Proceso distributivo. La política de salarios crecientes se opone a la explotación del trabajador y de su trabajo, como simple medio para generar plusvalía en el proceso de producción, y concibe al ser humano como propósito final de la actividad del Estado y de la sociedad. Así, los mejores salarios son instrumentos de un proceso distributivo de la riqueza que empuja a las empresas hacia la especialización, la inversión en tecnología, en instrucción especializada para los empleados y el aumento general de la productividad del país.
La visión socialdemócrata considera que el aumento constante de los salarios y de la educación de los trabajadores resulta la fuerza principal del desarrollo de una sociedad, y de la disminución de pobreza. Malos sueldos, anticuada o nula tecnología, baja inversión de capital o nulo crédito y productos de mala calidad causan un círculo vicioso que atrapa los pobres por generaciones.
Este Gobierno ha concebido un Ministerio de la Producción como instrumento para abordar el fenómeno de la producción de riqueza. Se concibe un proceso unitario que impulsa todo el esfuerzo nacional en una única conjunción de medios y de fines, por una parte, y, por otra, la supresión de obstáculos y el aumento de la asistencia para que los más necesitados puedan incorporarse a la economía como personas libres e independientes.
Perspectiva funcional. La especialización de este Ministerio, desde una perspectiva funcional de la producción de bienes y servicios, uniforma competencias administrativas dispersas y refuerza atribuciones actuales de muchos y variados entes y órganos; para presentar al ciudadano un centro único de operaciones bajo el que operen los procesos de exportación, de transferencia de tecnología, de impulso a la competitividad interna. Se propone impulsar todo el esfuerzo creativo de los costarricenses y hacer llegar el concepto de producción de riqueza a todos los rincones del país. No se pretende ser conservador y mantener a los agricultores produciendo lo mismo, sin tierra propia, sin crédito, sin mercados, sino incorporarlos al comercio nacional e internacional y poder transferirles esta nueva riqueza.
Desde la perspectiva de la Constitución Política, la doctrina de los salarios crecientes y el Ministerio de la Producción cumplen la obligación del Estado de "Procurar que todos tengan ocupación honesta y útil, debidamente remunerada, e impedir que por causa de ella se establezcan condiciones que en alguna forma menoscaben la libertad o la dignidad del hombre o degraden su trabajo a la condición de simple mercancía".
Si Costa Rica cumple esta meta, la política de salarios crecientes permitirá aumentar el ingreso de cada trabajador costarricense, y por allí, reducir la vergon- zosa pobreza que agobia a nuestra democracia.