Lilly Guardia ha escrito siempre poemas valientes. Los ha escrito en sus libros. Los ha escrito en su vida. Son poemas audaces y sinceros, poemas que recogen percepciones, imágenes, contrastes, confluencias y paradojas. Están marcados por avasalladoras consistencias que la definen como persona y como poeta.
Su juventud atemporal, su proverbial vitalidad, persiste en todos ellos. Así nos lo confiesa: Edad, no tengo,/ (no es broma, es cierto)/ porque vengo del amor/ vengo del dolor/ y derroté por fin a la muerte/ porque urdí los filamentos/que anclarán eternamente en el amor . Su poesía está marcada, también, por el fuerte contrapunto de la muerte, siempre presente aunque no amenazante: “Acepto la muerte por sincera y dudo de la vida en un instante”.
Una y otra vez, vida y muerte, dolor y alegría, soledad y presencia, duda y certidumbre se suscitan en sus versos. Desde la intersección de esos opuestos surgen sus líneas. Ellas se afincan como lianas extensas tendiendo puentes entre la idea y la emoción: ¡Qué inmensa soledad!/ ¡Qué noche extraña de quieto desconsuelo/…/ Guijarros en la piel / llena de ojos/ doliendo arena/ y mar salado/ ¿quién ahora sostiene las estrellas?/ ¿quién ahora sostiene mis pupilas?
¿Su magia? El vínculo profundo entre el eros y el logos. Desde esa fusión nos da vistazos rápidos, certeros, del misterioso torbellino de nuestra existencia. Nos ofrece giros inauditos de sentido que irrumpen cuando la vida es plena y vivida. Así lo hace en un verso corto y perturbante: ¿Qué son las horas/ si el tiempo/ no mide una ilusión?
La poesía, nos dice Lilly Guardia, se carga al hombro/igual que una guitarra./ Nunca nace de pronto: es proceso lento de brisa/ es vino añejo de cosechas ya pasadas/ y solo el frío y la muerte/ detienen su palabra.
Sus poemas son lúcidos y libres. Tienen sello de mar, de sal, de sol, de azul, como nos lo revela su currículum vitae, en el que se nos presenta como mujer de espíritu caribe que ha ido por el mundo para volver a encontrarse plenamente en la calidez de lo cercano: Conocí otros mares, otros ríos,/ otras gentes /(por si acaso es de importancia)/ pero el mar donde nací, /el río y la montaña azul/ es todo lo que tengo,/ todo lo que soy.
Equilibrio y rebeldía. Su tono existencial oscila, una y otra vez, entre el equilibrio y la rebeldía. A veces está quieta en un poema y nos confiesa: Quiero estar serena/ a tu llegada/ oh mensaje/ cuando al fin vengas / a llenar mi angustia/ y esta espera . En otras ocasiones quiebra el silencio con un grito: Estoy harta / de besos de rutina./ Estoy harta de amores/ siempre iguales./ Imploro/ el suicidio/ de unas horas/ por el filo y el polvo / del camino.
Conocí los poemas de Lilly Guardia en los tiempos de universidad. Las aulas cojuntaron nuestra común pasión por la poesía. Por eso celebro la aparición de su libro Contrastes, que ahora reedita la Editorial de la Universidad de Costa Rica con una hermosa portada que ha diseñado Ana Griselda Hine.
Muchos de los poemas que contiene este libro los leí en hojas sueltas, mecanografiadas, firmadas por la autora con tinta azul, con letra grande y franca, como si fuera necesario concluirlos con un sello vital que les diera autenticidad y certidumbre. Conservo algunos. Aún puedo palpar en ellos el bajorrelieve de las letras esculpidas por las teclas de su máquina de escribir.
Esos poemas de otro tiempo son poemas de hoy. Le pertenecen a Lilly Guardia tanto como a nosotros, los que tenemos espíritu poético, aire atlántico, y vamos por la vida cadenciados, como ella, por las cálidas noches de tajamar, ola y arena. Estos poemas guardan la sencillez, la verdad, el desparpajo y el asombro que han vertebrado siempre la vida y la obra literaria de Lilly Guardia. Una vez más, su poesía nos sumerge en el mar de la vida y nos rescata.