Para negociar políticamente, la primera condición es que las fuerzas políticas en disputa estén en competencia, es decir, que sostengan posiciones diferentes que eventualmente puedan sintetizarse en propuestas aceptables para las partes y la comunidad que representan.
La capacidad competitiva del sistema político es, consecuentemente, una cuestión central para la democracia.
Costa Rica, en la última elección presidencial, dio un paso importante hacia la superación del bipartidismo, paso que podría afirmar futuras tendencias competitivas en el sistema político.
Lo opuesto al bipartidismo no es el multipartidismo, sino algo diferente que aquí denominaremos “pluralismo competitivo”. Para introducir este análisis en la coyuntura de decisiones parlamentarias de peso y en el entorno de apertura de fuegos electorales, es necesario abordar tres cuestiones: el bipartidismo, los límites del multipartidismo, y la oportunidad que se presenta con el pluralismo competitivo.
El bipartidismo puede derivar en tendencias antidemocráticas si desaparecen los referentes ideológicos y las fronteras sociales entre los partidos que lo componen.
Las fronteras sociales no son muy atractivas porque suponen límites a la convocatoria; por esto, los partidos han derivado, de convocatorias “de clase”, hacia modalidades “atrapa-todo”: este es el tránsito, por ejemplo, que ocurre en la izquierda desde partidos obreros a movimientos nacionales. Los referentes ideológicos, asociados a las visiones predominantes sobre el mercado y el Estado, han perdido relevancia tras la caída del campo socialista y la ampliación de las restricciones fiscales para el funcionamiento del Estado.
En suma, han desaparecido los fundamentos sociales e ideológicos del bipartidismo, y en su lugar se ha colocado una dinámica de “administración” política más o menos monocromática, donde lo diferente termina relacionado con el estilo de gobierno o la calidad del liderazgo.
Como este tipo de sistema político no atiende las expectativas de porciones cada vez mayores del electorado, entonces emergen formas de descontento, todas centrífugas: unas hacia fuera del sistema político, que se manifiestan en expansión del abstencionismo; y otras hacia fuera del bipartidismo, que se expresan en proliferación de agrupaciones políticas.
Esa forma de multipartidismo no significa una superación del bipartidismo, sino incluso su fortalecimiento, dado que el conjunto disperso de opciones políticas micro no es capaz de competir efectivamente. La atomización de la oposición al bipartidismo es justamente una de las bases de su supervivencia en épocas de inconformidad con la política del statu quo .
Alianzas verdaderas. De ahí que la única oportunidad para el fortalecimiento no bipartidista de la democracia estriba en la consolidación de un sistema de partidos basado en el pluralismo competitivo; un sistema donde cuando menos tres fuerzas políticas se disputan en semejantes condiciones el acceso a los puestos de representación popular. En este entorno, la formación de las decisiones políticas no puede quedar al talante de acuerdos de medianoche; debe ser el producto de la formación de alianzas políticas. Las alianzas son herramientas primarias de la deliberación pluralista. La política de alianzas no es sinónimo de los pactos entre cúpulas que negocian a la luz de conveniencias patrimoniales y corporativas. Se sustenta en la afirmación transparente de diferencias sociales e ideológicas, no en su ignorancia.
La primera condición para el desarrollo de un sistema político basado en el pluralismo competitivo, es que los partidos se desprendan de la representación privatizada que actualmente ejercen y se acerquen al ejercicio más amplio de la representación social. Ello puede diferenciarlos socialmente, y esto no es malo para la democracia. La segunda condición es que afirmen un rumbo ideológico que debe ser un pronunciamiento ético sobre la sociedad a la que se aspira y los medios que se reconocen para alcanzarla, y no el aburrido recuento de tareas y planes, eufónicos pero inocuos, repetido recurso a lo que suena bien pero que al final no sirve para nada.