Opinión

Pinochet y Castro

Arrestar a los dictadores en ejercicio sería un acto de gran coraje

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Es rarísimo que un dictador deba rendir cuenta de sus crímenes ante un tribunal. Felicitémonos, pues, de que Augusto Pinochet se haya convertido en una de estas excepciones, gracias al celo de dos jueces españoles. Desgraciadamente, un pequeño detalle privó de todo valor moral y cubrió de ridículo su iniciativa. En el momento mismo en que ellos lanzaban su mandato de arresto contra Pinochet, recluido en una clínica londinense, tenía lugar en Portugal -en Oporto- el encuentro anual iberoamericano. A este evento asistía Fidel Castro, radiante de salud.








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