Opinión

Pienso, luego me río

De devociones necias y santos de rostro desabrido, líbranos, Señor -T. de Jesús

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Si, con Campoamor, "todo es según el color del cristal con que se mira", debe ser cierto también para la risa. El Antiguo Testamento está imbuido con la idea de un Dios paterno, represor, castigador. Por ejemplo, el Eclesiastés señala: "Mejor es el pesar que la risa; porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón" (7.3). Más adelante, recuérdese la discusión de los dos monjes medievales, al inicio del best-séller de Umberto Eco, unas 50 páginas, para dilucidar si Cristo reía o no... Este tipo de encasillamiento tuvo una tremenda influencia nefasta porque todavía Baudelaire, siglos más tarde, postulaba que "la risa es satánica y por eso es profundamente humana..." Felizmente, al mismo tiempo, siempre hubo gente que defendía que religión y risa no son incompatibles, como la muy castellana Teresa de Jesús: "de devociones necias y santos de rostro desabrido, líbranos, Señor". En todos los ámbitos, me quedo con el jocoso y contemporáneo Principito , que sugiere: "...abrirás a veces la ventana, así, sin más, porque te da la gana... Y tus amigos quedarán extrañados de verte reír mientras ves el cielo. Entonces les dirás: ësí, las estrellas siempre me provocan ganas de reír!...’".








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