Leer un periódico o ver un telenoticiario pone a cualquiera con los "nervios de punta": asaltos bancarios en todo el país, asaltos en viviendas y comercios, robo indiscriminado de carros y, para colmo, fugas de las cárceles.
En pocos días conocimos dos ejemplos que ilustran la galopante inseguridad que vivimos los costarricenses. Una pareja sale de una reunión, toma el auto y se dispone a partir; otro carro los intercepta, varios delincuentes bajan armados "hasta los dientes", los encañonan y se llevan el auto. La pareja se resigna: primero la vida, después lo material. El otro caso, un amigo, al volver a casa en su carro, se da cuenta que lo siguen. Afortunadamente, logró ingresar a la casa y cerrar el portón. Los delincuentes, frustrados, la emprenden a balazos contra la casa. Una bala pega peligrosamente cerca de la víctima.
Según un oficial del OIJ a diario reciben muchas denuncias con casos parecidos a los anteriores. Aunque a veces las acciones policiales culminan con éxito, hay otras en que tenemos una policía impotente, atada de manos, que está perdiendo la batalla ante la delincuencia.
¿Necesitaremos en unos años blindar nuestros carros? ¿Portaremos un arma para salir de la casa? ¿Nos estará rondando el fantasma de los secuestros y la mafia indiscriminada, como ya sucede en otros países vecinos? Siempre se aducen causas de la inseguridad como la falta de presupuesto para la policía, descomposición social, influencia de otras culturas y otras. Creo que llego la hora de enterrar las excusas y proponer soluciones integrales a largo plazo para que nuestros hijos no tengan que experimentar la pesadilla que otros países están viviendo.