Opinión

Página quince: La embestida del biopoder

La eutanasia y los vientres de alquiler son manifestaciones modernas de esta filosofía.

Fernando Zamora
Fernando Zamora

El filósofo Michel Foucault fundó el concepto biopoder circunscribiéndolo a su particular doctrina sobre la sexualidad humana. No me detendré en el peculiar concepto de biopolítica ni en las posteriores ideas que, al respecto, otros pensadores han manifestado desde otras perspectivas filosóficas. Me referiré al concepto de biopoder que amenaza al constitucionalismo democrático en Latinoamérica.

El biopoder, o la biopolítica, se entiende como el control que el poder político y la sociedad de mercado ejercen sobre el proceso de nacimiento, reproducción, condiciones genéticas y muerte del ser humano. En otras palabras, la finalidad estratégica de la biopolítica es la gestión total de la vida humana. En su portentoso tratado de bioética, el erudito Elio Sgreccia nos recuerda que el biopoder tiene esencialmente dos grandes vertientes. La primera de ellas, lúcida, centrada irrestrictamente en la dignidad humana. La segunda se trata de una vertiente tenebrosa, pues es utilitarista y sus premisas básicas son, por una parte, el simple cálculo de las consecuencias de la acción con base en la relación costo-beneficio y, por otra, aquella que pretende deslindar el hecho natural de toda consideración moral.

Control eugenésico. Ahora bien, el biopoder surgió a partir del ejercicio de tres tipos de control. El primero de ellos es el control eugenésico. Como es sabido, la eugenesia tuvo un claro fundamento racista. Se inició a finales del siglo XIX, al difundirse teorías como la de Cesare Lombroso (1835-1909), que sostenía la existencia de un origen genético en la vocación criminal, o la del antropólogo Francis Galton (1822-1911), que establece principios para una “ciencia del bien nacido”. A partir de esas tesis, en Indiana, Estados Unidos, se decretó en 1907 la primera ley eugenésica, que posteriormente se propagaría en muchos otros estados de ese país. Esta ley aprobaba entonces la esterilización de quienes fueran considerados anormales, según el criterio final de un equipo de “especialistas”.

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