Como es sabido, recientemente la Comisión de exministros de Hacienda entregó al presidente de la República el resultado de su estudio de 8 meses sobre la situación de la Hacienda Pública y de los inminentes peligros de que el déficit fiscal llegue a extremos inmanejables (más del 11 por ciento del PIB en el 2006) si no se toman las medidas necesarias.
Ante la contundencia y alto nivel técnico del diagnóstico y las medidas recomendadas por los señores exministros, el Gobierno de la República asume su responsabilidad de traducir esas recomendaciones en un proyecto de ley.
Este proyecto, pese a la gran cantidad de aspectos que abarca, se presenta como una unidad, precisamente por la necesidad de que se adopten medidas sistémicas y no aisladas, para poder alcanzar los objetivos de estabilizar y sanear las finanzas públicas.
Falta calidad técnica. El componente principal del proyecto atañe al sistema tributario. Ante la realidad de que nuestras leyes tributarias no presentan hoy un nivel de calidad técnica suficiente, no aseguran el gravamen de todas las manifestaciones de capacidad económica, no aseguran los recursos necesarios para terminar de consolidar una administración tributaria de alto nivel que aplique adecuadamente los impuestos y escatiman ciertas potestades básicas a la administración, el proyecto presenta a la consideración de los diputados una propuesta de cambio radical del sistema tributario con todos los ingredientes necesarios para conformar un sistema tributario moderno, de primer mundo:
Hoy es ampliamente reconocido que los pilares de un sistema tributario son el impuesto sobre la renta y el impuesto sobre el valor agregado. El proyecto propone, dentro de un esquema moderno y técnicamente bien construido, el establecimiento de una Ley de imposición sobre la renta en sus tres componentes lógicos y necesarios: el impuesto sobre la renta de las personas físicas, el impuesto sobre la renta de las sociedades, y el impuesto sobre la renta de los no residentes. También propone el establecimiento de una Ley del impuesto sobre el valor agregado , de corte moderno, que grava todos las entregas de bienes y prestaciones de servicios, con algunas exenciones lógicas.
Un paso más. Para administrar un sistema tributario moderno, se requiere una administración tributaria moderna. El proceso de modernización de la administración costarricense, iniciado desde la administración Figueres y continuado en la presente, está en etapas muy avanzadas. Pero es necesario dar un paso más y otorgarle los recursos necesarios y el régimen presupuestario y de contratación idóneo para terminar de consolidar una administración profesional y capaz. Así, siguiendo la tendencia de las administraciones más exitosas, se propone la creación de la Agencia Nacional de Administración Tributaria (ANAT).
Una administración tributaria moderna requiere información para gravar las distintas manifestaciones de capacidad económica. Por ello el Proyecto propone atribuir a la administración el acceso a la información financiera y bancaria, último escollo a superar para contar con la información necesaria para una adecuada aplicación del sistema tributario.
Ciclo roto. Una administración tributaria moderna debe tener a cargo todas las funciones del ciclo tributario. Hoy tal ciclo se rompe por el lado de la recaudación, que está encomendada a los tribunales de justicia en sede ejecutiva. Por esto, el proyecto propone la atribución a la administración tributaria de toda la fase de cobro ejecutivo.
Aparte de estos componentes, toda la reforma se plantea echando mano a un alto nivel técnico en la redacción de las normas. Este elemento es importante pues ya decía Surrey en la década de 1950, al evaluar la experiencia de las naciones en vías de desarrollo, que una de las características de estos países es el descuido técnico con que construyen sus normas tributarias, que termina haciéndolas inaplicables, fácilmente eludibles, en fin, inútiles. Por esto, otra de las grandes aspiraciones del proyecto es trascender este rasgo característico del subdesarrollo, ampliamente presente aún en zonas relevantes de nuestro sistema tributario, a inicios del siglo XXI.