Procede respaldar esas afirmaciones recordando que hay otros “disparadores del gasto” que no se mencionan y que tendrán aún mayor incidencia en el déficit fiscal, si no hay verdaderos orden y austeridad en la hacienda pública.
La deuda pública, interna y externa, sigue creciendo velozmente, hasta el punto de que una parte cada vez más grande del presupuesto nacional se financia con endeudamiento, lo que es irresponsable.
Losa sepulcral. La Comisión del Gasto Público, preocupada por otra causa del desmedido crecimiento del gasto público, consistente en el desorden y posible quiebra de todos los regímenes de pensiones, elaboró dos proyectos de ley: uno para lograr una solución inmediata del problema y otro para intentar una solución “política”. Ambos están disfrutando de una losa sepulcral en el cementerio legislativo.
Ese problema no se arreglará mientras no se le dé una solución integral y no se cree una sola institución para que dirija y administre todos los regímenes de pensión financiados con fondos públicos, con sujeción a normas estrictas.
Colapso en pensiones. El país debe tomar conciencia de que, si no se pone orden en el campo que comento, el Régimen de Invalidez, Vejez y Muerte colapsará dentro de 8 a 10 años y que mucho antes esa tragedia abarcará a todos los demás regímenes complementarios de pensiones establecidos sin orden ni concierto y sin base financiera sólida por leyes hijas de los grupos de presión.
Esa es la razón que tuvo la Comisión para proponer la creación del Instituto de Pensiones (INPE), como órgano de desconcentración máxima adscrito a la CCSS, con personalidad y capacidad jurídica instrumental. Se previó así dotar al país de una sola entidad para poner orden en el caos en que estamos viviendo.
La iniciativa de frenar ese y otros “disparadores del gasto” fue enterrada sin comentarios, pero tengo convicción de que será resucitada, quizás un poco tarde, cuando la crisis llegue “al fondo del barril”.