Con dirigencias así…
Como la tortuga era la que mejor hablaba, los demás animales acordaron mandarla ante Dios para rogarle acabar con la terrible sequía que estaban sufriendo.
Pasados los meses sin noticias de la mensajera, los animales volvieron a reunirse y, arrepentidos de su escogencia, se lamentaron de su error de enviar a la tortuga, tan lenta y perezosa. Cuando las quejas ya eran muchas, una piedra medio cubierta de tierra, que nadie había notado, empezó a moverse. Era la Tortuga Habladora, que, indignada, les dijo: “Si siguen hablando mal de mí, no voy a cumplir con el encargo”.
Nuestros dirigentes políticos están como la Tortuga Habladora: no obstante los mensajes, pedidos y advertencias que han recibido, solo se mueven cuando los hechos los atropellan y la crisis es inevitable.
Así, pese a la cantidad de ciudadanos que declaraban desconfiar de los políticos, del descrédito de los partidos en las encuestas y el alejamiento cívico de las urnas, ya evidente en las elecciones de 1998, la élite dirigente fue incapaz de reaccionar. Tuvo que llegarle el desastre electoral del 2002 para que empezara, aunque muy despacio, a ver el abismo en que estaba cayendo.
Lo mismo sucede con el debate sobre el ICE. No obstante su estereotipada y vacua habladuría sobre la globalización, nuestra dirigencia política sigue arrastrada por los acontecimientos. A lo más que ha llegado es a intentar cambios de contrabando, como el de Millicom, o, como con el “combo”, jugando con el sentido de las palabras y en el cortísimo plazo de una sola administración.
Ahora el país, como dice el presidente del PLN, está enfermo de ictericia y todo lo ve amarillo. Claro que el ICE es muy importante; pero ni lo es todo, ni es un-fin-en-sí. Es un-medio-para llevar adelante una política energética y de telecomunicaciones que favorezca el desarrollo nacional, modernice la economía y reafirme nuestro debilitado perfil de nación soberana. Otro tanto sucede con el TLC con los Estados Unidos, con la urgente reforma del Estado, la reforma educativa, la seguridad ciudadana y la lucha contra la pobreza, que solo tienen viabilidad y sentido patriótico, si se ubican en el contexto más amplio de su finalidad, que es el que les da su verdadero significado y sus límites y alcances. Sin embargo, en casi todos esos casos, las falencias políticas son evidentes.
Hoy hay un pseudodebate y una gran confusión. Las cifras dadas no son creíbles pues, o no se sostienen y cambian, o del todo no son ciertas. La discusión aparece invertida: se discute si se quiere o no al ICE como está, olvidándose de que hay una previa y decisiva cuestión: ¿cuál es la política energética y de telecomunicaciones más adecuada para el país? Solo así se podrán definir las transformaciones que debe tener el ICE para lograrlo. Igual sucede con el TLC con los Estados Unidos, cuyo sentido y significado reales deben establecerse, no con un simplista a favor o en contra, sino según la Costa Rica a la que se quiere llegar.
Esas son algunas de las cuestiones, a las que la agotada dirigencia tradicional no ha sabido ni osado responder. Sigue pasiva y como de espectadora, dejando que los hados marquen el destino y se produzca la ya inevitable colisión social. Y ante la crisis, como la Tortuga Habladora, calla y espera.