El bello México se ha desgarrado al sufrir los embates del PRI, partido único que abolió la democracia y la libre determinación de sus asambleas legislativas, secuestradas por un Poder Ejecutivo prepotente. El intelectual Enrique Krauze, discípulo predilecto de Octavio Paz, llama al sistema “La Presidencia Imperial”. Con el ropaje de las elecciones libres, Hugo Chávez representa también los peligros de un grupo hegemónico que se impone.
Las asambleas legislativas son ahora grupos amorfos y sumisos, doblegada la cerviz para soportar el yugo del Poder Ejecutivo. El mal del vasallaje, las reelecciones y la concentración del poder, cunden en Latinoamérica. El boliviano fue reelegido por abrumadora votación. El vecino del norte con la bendición de la corte constitucional, también se apresta a reelegirse. No es un problema de votación libre, sino de carcoma del sistema.
Y aquí en Costa Rica, maestros del disimulo, bajo las glamorosas faldas de una distinguida dama, se aprestan a introducirnos un partido único y una nociva concentración del poder.
La queja liberacionista surgió, vemos ahora que engañosamente, en la lucha contra la omnipotencia política de dos hermanos, pero los pueblos carecen de memoria y repiten la misma historia.
La preeminencia acremente censurada antaño, es el ideal de hoy para los próximos tiempos del PLN : la imposición de las órdenes de quienes anhelan una enmascarada reelección prohibida. Simulacro de elección, disfrazando una reelección contra ley.
El escenario de la farsa política está cundido de rosas blancas para ocultar los toscos hilos que descienden desde la tramoya, para manejar el próximo tinglado.
Ya se protestó contra los sanos controles institucionales. Ya Ofelia Taitelbaum quebró la división de los Poderes y la independencia legislativa.
Exhibió también que la señora aspirante verdiblanca no manda ni ejecuta . El Poder Ejecutivo escogió candidata y la impuso incluso contra la voluntad de aquella. La Presidencia Imperial impera.
Winston Churchill expresó clarividentemente, hace años, que sobre Europa se cernía la tormenta. Aquí también: el continuismo gubernamental está en su apogeo, impartiendo órdenes en todos los niveles, sin importarle otros actores.
Los votantes tienen que exigir un cambio. Debemos eliminar el continuismo y la concentración del poder que apuntalan un único partido, anhelo persistente en el PLN.
No debemos caminar hacia atrás, hacia el pasado, sino vislumbrar el porvenir sin partido único ni perniciosa concentración del poder. Y para agregar un nuevo nubarrón a la tormenta que se avecina, el Tribunal Supremo de Elecciones anuncia que esquivará su obligación constitucional de hacer el escrutinio de los votos, uno a uno. Sí, se cierne la tormenta... y cuidado con un domingo siete.