Zaire es uno de los países mejor dotados del mundo. Rica en recursos minerales y vastas extensiones de tierra fértil, la antigua región del Congo suplía, en épocas coloniales, inmensas cantidades de metales preciosos y productos agrícolas cruciales para el Oeste. Desafortunadamente, la emancipación del dominio europeo no deparó a Zaire la bonanza económica ni la justicia social esperadas. Lejos de ello, dicho país devino en modelo de algo muy distinto. Dominado desde 1965 por una satrapía corrupta y sanguinaria, llegó a tipificar la tragedia del continente africano poscolonial, sumido en un tercermundismo de la peor especie que condenó a millones de seres humanos a execrables condiciones de vida.
El responsable del infortunio de Zaire es el dictador Mobuto Sese Seko, conocido como "mariscal" y alabado en los foros tercermundistas por su "neutralidad" y "antiimperialismo" en asuntos internacionales. En el poder desde hace 37 años, Mobuto y su gente virtualmente saquearon el país. Cuando los fondos del Tesoro resultaron insuficientes para saciar la codicia del mariscal y sus generales, entonces el Gobierno aumentó los tributos. Sucesivos ciclos de incrementos en impuestos acabaron con industrias y negocios, excepto aquellos propiedad de los favorecidos por el régimen. Insatisfecho, el Presidente amplió las exacciones fiscales a todo lo imaginable, y una vez que la captación de ingresos se agotó debido al empobrecimiento generalizado, el chantaje y los sobornos colmaron las cuentas suizas de autoridades civiles y militares.
Este proceso de descomposición fue acompañado de un deterioro galopante en la infraestructura nacional. Así, además de la inflación y la escasez de productos básicos, los excesos de Mobuto se reflejaron en calles intransitables, en la desaparición de servicios esenciales como salud y educación y el abastecimiento de agua potable y electricidad. Igualmente revelador es que los salarios de masas de empleados públicos no han sido cancelados durante meses y, últimamente, ni siquiera los soldados reciben paga. De esta forma, las riquezas de Zaire acabaron en manos de Mobutu y sus allegados, mayormente en bancos del exterior. Y la prometida democracia se redujo a la universalidad de la miseria.
El régimen de Mobutu se ha debilitado no solo por la impopularidad de su gestión sino, también, debido a la grave enfermedad que agobia al sátrapa. Sometido a una intervención quirúrgica por cáncer prostático en agosto del año pasado, el mariscal ha permanecido desde entonces en su lujosa villa al sur de Francia. El consiguiente vacío mejoró las posibilidades de la rebelión armada que encabeza Laurent Kabila, jefe de la Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación de Congo-Zaire, movimiento que recibe asistencia de las vecinas Ruanda y Uganda. La conquista de Kisangani, la tercera ciudad del país, el viernes último, dejó a Kabila en control de una amplia y potencialmente próspera zona donde ha impuesto orden y honestidad administrativa. Cabe destacar que en Kisangani el ejército opuso poca resistencia y finalmente se dio a la fuga.
La ONU procura negociar una cesación de hostilidades, pero Kabila exige conversaciones directas para finiquitar la renuncia de Mobutu. En cualquier caso, el avance de los insurgentes luce expedito y cuenta con inmenso apoyo entre la población. El fin del odioso despotismo parece inminente y solo sobra esperar que Kabila no se transforme en otro Mobutu.
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