La reciente muerte del viejo líder sirio Hafez al-Asad, la del rey de Marruecos Hassan II y la del rey de Jordania Hussein bn Talal han abierto nuevas perspectivas de liderazgo en una de las zonas más conflictivas del mundo durante el último medio siglo. Marruecos, Jordania y Siria son países claves en el difícil juego estratégico de la región.
En efecto, al Oriente Próximo llegan nuevas generaciones de líderes más interesados en temas económicos y sociales, en la informática y en la globalización, que en las luchas nacionalistas y en las guerras de liberación y de confrontación como hicieron sus progenitores. Los tres nuevos políticos y soberanos árabes se educaron en Londres, París y en la Universidad de Georgetown, en Washington; los tres pertenecen a la misma generación: el heredero sirio Bashard al-Asad tiene 34 años, Abdala II, de Jordania, 36 y Mohamed VI, de Marruecos, también 36. Los tres son hoy figuras claves para el futuro político del Oriente Próximo.
Inquietudes se disipan. El primer cambio importante en el juego internacional de la región sucedió el 7 de febrero de 1999, con la muerte del Rey hachemí de Jordania; cinco meses después, fallecía el Rey de Marruecos y hace menos de un mes el Presidente de Siria. Como en estos países no existen reglas claras para la sucesión de poder, surgieron algunas inquietudes en la comunidad internacional, pero se han disipado al asumir los tres un fuerte liderazgo y al realizar importantes cambios políticos, sustituyendo incluso a los viejos ministros de sus padres, para que no quedara duda del cambio generacional.
Atrás parece que han quedado viejos líderes árabes como el presidente egipcio Hosni Mubárak, el rey Fah de Arabia Saudí y el mismo líder palestino Yaser Arafat, a quien sus allegados apodan cariñosamente El viejo , sin olvidar al temible Sadam Husein y al polifacético coronel Muammar el Gaddafi de Libia. Todos ellos superan ya los 70 años, se crearon y actuaron en tiempos muy difíciles: los años de la independencia de sus países, de la confrontación ideológica, de las guerras nacionalistas y del perenne enfrentamiento con Israel y Occidente. En cambio, los nuevos líderes de Siria, Jordania y Marruecos han manifestado más interés en disminuir sus ejércitos, abrir el país a nuevas formas de democracia y de respeto a los derechos humanos y en el desarrollo social de sus pueblos.
Nuevo lenguaje. Los nuevos líderes políticos en entrevistas recientes utilizan un nuevo lenguaje; ya no es la confrontación, sino el diálogo y en temas tan delicados como la ocupación israelí al sur de Líbano, el joven Asad no tuvo palabras fuertes y malsonantes contra Israel como lo hicieron sus antecesores, e incluso hizo un llamado para que el grupo militar integrista de Hezbolá ponga fin a su lucha por sus hijos, familias y las ambiciones que tienen en la vida.
Los nuevos líderes árabes todavía tienen que recorrer ásperos caminos; han empezado muy bien, pero les queda aún una difícil misión: conducir a sus países por la senda de mayor desarrollo social, sin el fantasma de la guerra. Tal vez el camino más complicado es el del hijo del presidente sirio, porque no tiene la legitimidad histórica de los reyes de Jordania y Marruecos; la única legitimidad se la proporciona el todopoderoso ejército sirio y sus servicios de espionaje; pero de una cosa estamos seguros, su padre fue un excelente estratega, frío y calculador, su hijo, en los pocos días que lleva en la jefatura del país, lo está superando, sin despertar temores entre sus conciudadanos.