En el pensamiento filosófico del siglo XVIII, predominaba la convicción de que la razón y la inteligencia eran la única opción válida para entender la vida. En el siglo XIX, el hombre se deslumbraba con la revolución científica aplicada a los procesos industriales. Con el avance de las ciencias naturales, exactas, médicas y los planteamientos de las ciencias sociales, se creía que se averiguaría por qué la gente se volvía loca, la razón de la desigualdad entre los hombres, los orígenes del abuso del poder, la génesis de los conflictos políticos, las diferencias culturales, las causas de las enfermedades, etc. A partir de entonces se comenzó a manejar la idea de que el universo era como una gran máquina, cuyo funcionamiento había que descubrir y analizar con el método paciente y complejo que daba la ciencia.
Pero en la Edad Contemporánea y llegando al siglo XXI, las guerras producto de la angurria por apropiarse de más recursos de "esa máquina", comienza el hombre a caminar hacia un nuevo paradigma cultural. Llega al convencimiento de que su forma de ver y relacionarse con la naturaleza y con las demás personas, no es sostenible. Toma conciencia de que la ciencia y la tecnología no lo eran todo. Tampoco los planteamientos académicos, porque las crisis que se pensaba se superarían, seguían presentes: guerras, hambre, desigualdad, nuevas enfermedades, etc.
Complicaciones nuevas. A estos problemas no resueltos se suman otros que no tenía el hombre del pasado: agotamiento de los recursos naturales, contaminación industrial, urbanización incontrolada, problemas del transporte y de disponibilidad de servicios y alimentos, amenaza de la destrucción nuclear, etc.
Se inicia una corriente de pensamiento donde cabe también lo intuitivo, lo espiritual, lo sobrenatural. El hombre advierte con preocupación que el universo no es una máquina, que la naturaleza no se le domina, que no es salvaje, sino más bien frágil, y que hayque respetarla. Surgen preocupaciones y enfoques filosóficos, espirituales, religiosos y místicos que se llenan de seguidores. Reaparecen charlatanes, astrólogos y adivinos que vuelven a tener clientes, producto de la búsqueda de respuestas no científicas ante problemas no resueltos. Grupos organizados reinician luchas por la libertad basada en la persona y no en las estructuras ni en los dogmatismos. Se reflexiona que los cambios radicales surgen en el hombre concreto, dentro de su mente y su corazón. Con evidencia histórica se ha comprobado que las teorías inspiradas en dogmatismos y planteamientos políticos bajo el control de las estructuras, donde se disminuía al hombre y se agigantaban los aparatos y la maquinaria de poder, no eran la solución. El patriarcado como sistema filosófico que lleva 3.000 años está a punto de terminar. Implementar formas de vida que no se basan en el uso de energía concentrada y de artefactos movidos por combustibles fósiles es hoy preocupación importante.
La principal diferencia. Varias moralejas hemos aprendido en los últimos tres siglos: "no creer que la ciencia lo es todo y lo resuelve todo", "el vacío del hombre no lo puede llenar su intelecto, aunque debemos cultivarlo pues es la principal diferencia que tenemos los hombres respecto a los otros vertebrados mamíferos. Solo Dios puede llenar el vacío en el corazón del hombre". "Lo importante es atesorar no acumular".
A pesar de todo, nos ha tocado vivir una época de privilegiados. La historia nos enseña que la crueldad, la injusticia siempre han existido en la humanidad. Sería interesante pensar que sentían, por ejemplo, los ciudadanos de la Roma antigua con la caída de su imperio, los científicos que fueron acallados por la Inquisición o los patriotas que han visto morir a sus mártires frente a la injusticia y los aparatos de poder.
Nosotros vimos un cambio de siglo, un eclipse total de sol, la caída del muro de Berlín, y veremos muchas cosas más si sabemos afinar nuestra óptica y no nos deslumbramos por la ciencia, ni nos consumimos en un dogmatismo excluyente, ni en utopías que opaquen al hombre o a Dios.