Comentaba Montaner con su habitual fluidez periodística sobre las teorías de Weber y sobre el efecto de las religiones en América Latina. En primer lugar, citando a Weber, se leía que los protestantes trabajan duro para llegar a Dios y que se nota una mejora en el "desempeño económico de estos neoprotestantes al poco tiempo de abrazar la nueva fe".
Además, es interesante ver su punto de vista --o del Prof. Zapeta--, práctico y casi científico, sobre la mejora en la situación económica de los mayas cachiqueles protestantes. Con razonamientos claros y lógicos, se argumenta que esta mejor situación se debe al dejar de beber, planificar la natalidad y mantener el núcleo familiar unido. También, con mucho sentido común, se comenta sobre la preferencia de los empleadores en contratar empleados evangélicos que no roban y no mienten. Curiosamente, atribuye estos fenómenos a un factor sociológico que afecta al protestantismo e, incluso, lo contrapone al catolicismo.
La Biblia, en la que se basa toda la fe cristiana -católica o evangélica-, habla claramente del trabajo duro, lo promueve y nos hace promesas sobre sus beneficios. Sin embargo, jamás menciona que nos lleva a Dios o a la salvación. Así como tampoco nada que podamos los hombres hacer, ni ninguna conducta o comportamiento que sigamos. La Biblia no dice que si somos buenos, nos vamos al cielo.
Promesas cumplidas. Por otro lado, Dios en la Biblia también promete grandes cosas a quienes lo buscan. Entre estas promesas que Dios cumple, se cuentan los vicios dejados, como el alcoholismo o el adulterio. En efecto, las apreciaciones de Montaner, Weber y Zapeta, al argumentar que la vida del cristiano tiende a mejorar en términos generales, son muy ciertas. Los indígenas mencionados, al dejar el alcohol, mejoran su situación económica y emocional. Lo mismo que al lograr la estabilidad familiar, cuando dejan el adulterio.
Sin embargo, no se menciona que esto se debe a que la vida de la gente cambia al nacer de nuevo en el espíritu (Juan 3), con una nueva perspectiva del mundo, donde las prioridades e intereses cambian. El cristiano no deja de tomar porque alguien se lo prohíbe. Deja de tomar, si es alcohólico, porque la nueva persona, al entregar su problema a Dios, logra dominarlo.
Es importante recalcar que esto no tiene nada que ver con diferencias religiosas. No importa si se es católico, evangélico u ortodoxo. La salvación es por fe y por gracia; y al recibir a Jesús empieza la vida cristiana. En ese momento, los problemas del mundo, que afectaban a la vieja persona, como el alcoholismo, el adulterio, el robo o la mentira, deben ir perdiendo protagonismo y deben ir quedando atrás.
Reflejar cristianismo. En los principios que se viven se refleja la situación espiritual de las personas. Nadie es perfecto y siempre haremos muchas cosas indebidas y torpes; sin embargo, el cristiano verdadero debería reflejar su cristianismo en todos los campos de su vida, todo el tiempo, y no solo los domingos en la iglesia.
Por esto, en los casos mencionados en el artículo en cuestión la escogencia del empleado por ser protestante es una distorsión. Lo relevante sería el cristianismo del candidato.
La pieza periodística de la que escribo no tiene nada de espiritual, más bien, es obviamente intelectual. Sin embargo, es claro al indicar que al cristiano le va mejor en la vida, en términos generales. Testifica que las vidas de las personas cambian al acercarse y recibir a Jesús. Esto no es nada raro. Es algo común y natural. Es algo, fácilmente comprensible, si sabemos quien y cómo es Dios. Vale la pena investigar....
(*) Vicerrector Universidad Veritas