Gloria Grooscors, Orlando Guzmán, Erick Cajar y Sergio Vinocour (*)
Kósovo es una región ubicada en Serbia, república federada de Yugoslavia. Más del 90 por ciento de la población kosovar es de etnia y lengua albanesa (no eslavos y musulmanes), de religión fundamentalmente musulmana. El restante 10 por ciento son serbios y montenegrinos de religión ortodoxa.
Estas diferencias de carácter étnico y religioso han sido la base de la lucha de Kósovo por alcanzar su autonomía frente a Serbia. Esa autonomía fue concedida en 1974 pero abolida en 1989 tras la llegada al poder de Slobodan Milosevic como presidente de Yugoslavia.
La negativa del gobierno serbio a las aspiraciones de los kosovares, la celebración de elecciones para elegir un gobierno clandestino en esa región, el surgimiento del Ejército para la Liberación de Kósovo (ELK) y la limpieza étnica iniciada por Milosevic hacen estallar el conflicto.
La Comunidad Internacional busca una solución negociada entre las partes mediante las negociaciones celebradas en el Castillo de Rambouillet pero no logra obtener éxito. Se inicia así la fase de bombardeos de la OTAN en Yugoslavia.
Hechos cuestionados. La demora y el fracaso de la comunidad internacional en lograr una solución pacífica al conflicto, la ofensiva de la OTAN sin autorización expresa del Consejo de Seguridad, la oposición de otras potencias como Rusia y China a esa intervención y la amenaza de una expansión de los conflictos nacionalistas en los Balcanes nos hace plantearnos las siguientes preguntas:
¿Cambiará el panorama de la geopolítica internacional tras la crisis de Kósovo? ¿Qué consecuencias y lecciones podrían extraerse de esta crisis? ¿Cuáles transformaciones deberían los Estados hacer en materia de derecho internacional para aprovechar estas lecciones y lograr una mayor estabilidad y paz en el próximo milenio?
Una nueva escalada armamentista, un retroceso en la ratificación de tratados de desmilitarización (SALT II), un debilitamiento de la cooperación en materia de defensa y seguridad de Rusia con la OTAN y la búsqueda de nuevas alianzas de defensa colectiva, son algunas de las posibles consecuencias que podrían derivarse de la guerra en Kósovo.
Este panorama hace necesario que la comunidad internacional haga un análisis profundo sobre la eficacia de las normas e instituciones internacionales creadas al finalizar la Segunda Guerra Mundial para la preservación de la paz y seguridad internacionales.
Lecciones en el horizonte. Este análisis debería tomar en cuenta las lecciones que se vislumbran de este conflicto para la humanidad, algunas de las cuáles son:
1. Los principios de soberanía y no intervención en los asuntos internos de un estado no son absolutos, no pueden servir para tolerar la violación al principio de autodeterminación de los pueblos y para ocultar otros crímenes internacionales como el genocidio y la tortura cometidos dentro de un Estado.
2. El derecho de intervención de la Comunidad Internacional en este tipo de conflictos debe quedar claramente desarrollado en la Carta de las Naciones Unidas. Es necesario incorporar normas que garanticen que ese derecho se utilice oportunamente a fin de hacer viable una solución pacífica. Por otra parte, debe asegurarse que ese derecho se ejerza siempre y no casuísticamente (hoy es Kósovo pero ¿qué hay de los kurdos en Turquía, de los tutsis en Ruanda, de los tibetanos en China?).
3. El derecho de intervención debe ejercerse bajo autorización y tutela de la Organización de las Naciones Unidas. Para que esto pueda ser así en futuros conflictos, es necesario y urgente una reforma en la composición y mecanismos de decisión del Consejo de Seguridad. Esta reforma debería buscar una mayor representatividad en el seno del Consejo, la eliminación del derecho de veto y el establecimiento de un sistema de decisión basado en el voto de la mayoría.
Las grandes transformaciones que ha experimentado el mundo en los últimos años exigen un cambio de mentalidad donde los intereses de la humanidad se superpongan a los intereses estatales o nacionales. El derecho internacional debe partir de esa nueva mentalidad para contribuir a la solución pacífica de los conflictos internacionales del siglo XXI.
¡Es hora de poner fin a la guerra!
"Si la humanidad no pone fin a la guerra, la guerra pondrá fin a la humanidad". -John F. Kennedy.
(*) Grupo de Estudio de Temas Internacionales