El 28 de octubre se cumplieron 40 años de la promulgación, dentro de los documentos del Concilio Vaticano II, de la Declaración Nostra Aetate "sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas" por parte del papa Pablo VI. El documento es un acercamiento por parte de la Iglesia Católica a las religiones judía y musulmana, y un llamado universal a la tolerancia y a la hermandad. Hoy, 40 años después, vibran con especial fuerza las palabras de esta declaración, donde se afirma con contundencia que "la Iglesia (.) reprueba como ajena al espíritu de Cristo cualquier discriminación o vejación realizada por motivos de raza o color, de condición o religión. Por esto, el sagrado Concilio, siguiendo las huellas de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, ruega ardientemente a los fieles que, 'observando en medio de las naciones una conducta ejemplar', si es posible, en cuanto de ellos depende, tengan paz con todos los hombres, para que sean verdaderamente hijos del Padre que está en los cielos".
El aniversario 40 marcó en Costa Rica un hecho de relevancia mundial, que pasó serenamente sin notar para muchos. El jueves 10 de noviembre, la Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica costarricense se reunió con las autoridades religiosas judías en la sinagoga Shaarei Tzión. Se ha dicho que esta podría ser la primera vez en la historia que una Conferencia Episcopal Católica en pleno visita una sinagoga, hecho que sería superado casi solamente por aquella visita que el 13 de abril de 1986 Juan Pablo II hiciera a la sinagoga de Roma.
En una noche de fraternidad y unión, ambas religiones se unen para meditar sobre los vínculos que las acercan y nos envían un mensaje de respeto, tolerancia y diálogo. El llamado de Pablo VI resuena 40 años después: "Paz con todos los hombres". Los costarricenses estamos cayendo en una escalada de intolerancia sutil, pero constante, en contra de diversos grupos y estamos perdiendo poco a poco la paz. Este sendero no tiene fin y solo cosechará los frutos del odio tarde o temprano. Hagamos actuales las palabras de Nostra Aetate y trabajemos por la paz, aprendamos a vivir en paz, eduquemos a nuestros hijos para vivir la paz. No les enseñemos la intolerancia y la discriminación. La responsabilidad es solo nuestra.
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