La palabra “mito” se refiere a una persona o cosa a la que se atribuyen cualidades que no tiene. “Desmitificar” es disminuir o privar de atributos míticos a aquel que los tenía o pretendía tenerlos. Por eso, desmitificar de ningún modo podrá ser perjudicial; al contrario, es un servicio a la sociedad: desenmascarar, poner en evidencia algo o alguien que presume de lo que carece. Tengo la impresión de que los costarricenses venimos necesitando este ejercicio, en particular en algunas áreas de nuestra vida como país. Y es que el prestigio o la fama son como las herencias: bien obtenidas, pero requieren administración sensata y nuevos méritos si no se desea perderlas o gastarlas.
Así pasa con algunas instituciones del país: brillante nacimiento, glorioso desarrollo, pero discreto actuar.
Pleitesía infundada. Los ticos aceptamos con cierta dosis de facilidad las acciones, obras y comentarios de ciertas personas e instituciones, y les damos a priori toda credibilidad, solo por su procedencia. Rara vez miramos el detalle o nos detenemos a pensar si realmente nos gusta o no, si pudo ser mejor o no; basta con que venga de tal o cual persona o ente. Se podría percibir paradójicamente cierto irracionalismo acrítico, pero altamente intelectual, con no poca dosis de esnobismo, más cercano a la asunción de ciertas poses, más por discurso que por convicción.
Es así como se rinde pleitesía a determinado arte, cine, literatura, informes, investigaciones y hechos, más por venir de donde vienen que por su calidad ontológica. Vamos entonces engendrando verdaderos nichos de calidad incontestable, lo que nos hace tener que enfrentarnos con cosas de difícil asimilación y de dudosa calidad
Convendría que los posesionados en esos nichos de vez en cuando recibieran alguna crítica que los hiciera revisar sus quehaceres. Críticas no viscerales, sino hechas desde el más puro deseo de poner en marcha procesos de evaluación, análisis y revisión.
No se trata de atacar personas, sino de pedirles la excelencia que han heredado y que no pueden malgastar. Todo el prestigio acumulado que tienen obedece a que ofrecieron respuestas a ciertos aspectos indispensables para la vida del país, asuntos que permanecen y que siguen requiriendo de su bien hacer, pero que en los últimos años han venido flaqueando porque quienes han recibido la misión de continuar esas labores se han adormecido por ellos mismos o por ausencia de crítica ciudadana para su labor.
El ejercicio de desmitificar viene de dentro o viene de fuera. Si de dentro, es señal de espíritu grande, apertura de criterios, honestidad intelectual. Cuando no, es señal de autismo, de cierto narcisismo, de un conformismo que brota de quien nunca es objetado y se siente merecedor de un respeto casi religioso.
Investigaciones pobres. Tengo la impresión de que en los últimos años hemos sido sometidos a la costumbre en materia de prestigio. Asistimos a investigaciones pobres y obvias, no se necesitaría, por ejemplo, ni de media investigación para descubrir que los ticos tememos a la posibilidad de perder el empleo. Me parece que tampoco necesitamos de estudios que nos digan a diario números y más números sin propuestas de solución. Contemplamos cómo, en materia de democracia, se vive de glorias pasadas, y no solo lo afirmo por Liberación Nacional, lo digo también por quienes se proclaman “pilar de la democracia y garante del sufragio”, pero que no acompañan esa proclama con un empeño decidido por renovar el sistema político.
El mito emerge cuando la razón se empobrece, cuando el pensamiento es débil y no queda más que recurrir al relato fantasioso y a los argumentos de autoridad más que a la racionalidad argumentativa. Como se ve, llegamos al tema educativo una vez más.