Gracias a los trabajos de Henry Bessemer en el año 1855 se produjo por primera vez, a partir del hierro fundido, el acero en forma líquida, técnica conocida aún hoy como “acero por convertidor Bessemer”.
Este hecho permitió la fabricación de piezas estructurales fundidas en acero, lo que produjo un cambio radical en la arquitectura y la construcción civil en general –hecho simbolizado por la erección, en acero, de la célebre Torre Eiffel en 1880 para la feria de París–.
Que el acero se use como elemento estructural es básicamente debido a que su modo de fractura es dúctil, a diferencia de la falla frágil que presenta el hierro fundido. En otras palabras, un elemento de acero se deforma antes de fallar, mientras el hierro fundido colapsa abruptamente, lo que no lo hace apto, por ejemplo, para la erección de elementos estructurales. Que el ministro de Educación diagnostique que las columnas del Edificio Metálico sean de “hierro colado” (leáse hierro fundido) dificulta seriamente cualquier proyecto de reparación de la pieza.
Fragilidad del acero. Nuestro Edificio Metálico fue construido en Bélgica en el año 1896, esto es, a 41 años de haber dado inicio el sector siderúrgico (metalurgia del acero). La calidad del acero de esa fecha presenta serias dudas en su comportamiento mecánico. El mejor caso documentado al respecto es el hundimiento del Titanic en 1912 que, según los trabajos de investigación en 1991 sobre piezas originales recuperadas, el investigador canadiense Steve Blasco concluye lo siguiente:
“Las planchas que formaban el armazón del casco eran de un acero muy frágil, debido a su alto contenido en azufre. Sin duda, en la época de la botadura del Titanic se desconocía que un alto contenido en azufre podría hacer al acero muy frágil”
Si “en la época de botadura del Titanic ” se desconocía una de las causas de la fragilidad del acero, imagínese lo se conocía para la fecha de construcción de nuestro Edificio Metálico.
Pretender soldar un eventual acero fundido en 1896 (queda por confirmar la tesis del “hierro colado” del ministro Garnier) conlleva colateralmente una infinidad de inconvenientes relativos al proceso en una zona de calentamiento puntual imprevisible, aun dejando aparte su elevado contenido de azufre.
Para salvar piezas arqueometalúrgicas como la nuestra, es costumbre que, junto a la pieza original, se erija una estructura paralela que sostenga la carga, de forma tal que nuestra anciana luzca con honor toda su antigüedad reflejada en su corrosión, pero liberada de todo compromiso mecánico.