Opinión

"¿No hay palabras...?"

Deberíamos "visitar" más los diccionarios

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"No hay palabras...", decimos y oímos decir con harta frecuencia cada vez que no encontramos la expresión adecuada para referirnos a alguna experiencia personal, emocional o estética. ¿Por qué no pensar que "sí hay palabras"? Porque el anterior no es el único ejemplo de un desencuentro con las palabras; hay otras variables. Ante algo exquisito que nos comemos, decimos que "está de muerte". Algo bello "es de infarto". Algún pequeño susto o contradicción nos provoca "derrame cerebral". Lo hermoso es "de ataque" y en ocasiones también de "embolia". Lo bonito "es un sueño" o "de espanto". Si algo nos fascina, estamos prontos a "caer en cruz"; y, ante un posible fracaso: "nos cortamos las venas" o, en ocasiones, "nos hacemos el hara-kiri...". Los ejemplos abundan y, curiosamente, evocan un trágico sentido de muerte (dormir/soñar es también una forma de "morir") estableciendo una relación placer/dolor y en última instancia, eros/tanatos.








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