La propuesta de una diputada de sancionar los piropos ha suscitado diversos comentarios, entre los que destaca el referido a que se trata de una distracción innecesaria respecto de lo central, que es la aprobación de la Ley de penalización de la violencia contra las mujeres, como si la idea de penalizar el piropo fuera una cuestión anecdótica, completamente al margen de los contenidos del proyecto de ley.
No es así; no es casualidad que la propuesta proceda de la misma diputada que está empeñada en aprobar el proyecto tal y como está, a como dé lugar, incluso desconociendo las observaciones que formuló la Sala IV sobre la inconstitucionalidad de varios de los artículos del proyecto.
Todo ello, por cierto, ha conducido a que la Sala Constitucional haya vuelto a rechazar el proyecto declarando inconstitucionales esos mismos artículos.
El cielo es el límite. Las mujeres y los hombres que declaramos disenso con la formulación actual del proyecto de ley, hemos insistido en que uno de los problemas centrales es que no solo penaliza los hechos graves de violencia, sino aquellos leves que son imposibles de distinguir de los conflictos de la vida ordinaria.
Esa penalización extensiva no solo está presente en el objetado artículo 3 (por la Sala IV), sino en la mayoría de los delitos que tienen penas menores en el proyecto.
Hemos dicho que, en una normativa sobre violencia, considerar unilateralmente como delito un insulto o un chantaje solo cuando lo hace el hombre, nos parece una injusticia contraproducente, opinión compartida, según la encuesta de Borge y Asociados (2004), por el 90% de la población.
También advertimos que esa lógica de penalización podría no tener límites. No ha pasado mucho tiempo antes de que nos cargaran de razón. Antes de la propuesta de sancionar el piropo, otra diputada defensora del proyecto especulaba con la necesidad de penalizar la violencia cultural que supone la moda que conduce a las jóvenes a mostrar su cintura desnuda.
Al parecer, en esa dirección, el cielo es el límite. Es decir, sancionar el piropo, la moda, etc., no es una distracción anecdótica, sino el desarrollo de esa lógica que rechazamos en el proyecto de ley sobre violencia. Es necesario sacar dicha lógica del propio proyecto y no dejar que llegue a obstruir más el sistema de justicia y a dañar nuestro ya maltratado tejido social.