En vísperas de las elecciones nacionales, tenemos una opción: damos más largas a asuntos de trascendencia nacional, como en estos malogrados 4 años de ingobernabilidad prontos a concluir, o pensamos y actuamos en grande, con una verdadera representación popular, en el Poder Ejecutivo y la Asamblea Legislativa.
Quebrar el voto para presidente y diputados es el error más grave que podremos cometer.
Si en los cantones, por la cercanía de los vecinos candidatos a la municipalidad, sean regidores, síndicos y, en su momento, los alcaldes, se decide por quebrar el voto, es hasta justificable. En el caso cantonal puede ser conveniente si hablamos de la posibilidad de conocer lo que nos es más próximo y a las personas aptas.
Pero en el ámbito nacional, en el caso de diputados, aunque provengan de varias regiones del país, no hagamos tal fraccionamiento pues su representación debe ser nacional.
Atascadero. De lo contrario, detendremos, por un cuatrenio más, el desarrollo del país, con grupúsculos de poder que lo que saben es atascar el Congreso, con intereses espurios, sin importarles los grandes temas nacionales.
Algunos ciudadanos quieren quebrar el voto y lo que hacen es, en realidad, suscribir un cheque en blanco para que algunos diputados "del puño" chantajeen al partido mayoritario con el tan conocido filibusterismo político.
Es la obstaculización de proyectos de leyes necesarios para el país, para sacarlo de la pobreza en que lo han hundido por existir, además de un gobierno ineficiente, tantos grupos parlamentarios, sin visión alguna de políticas nacionales, que solo desgracias traen. ¡Ya es demasiado!
La peor. Los numerosos grupitos de diputados, que brotaron como abejones de mayo, desde el inicio de esta administración, no fueron otra cosa que verdaderos expertos en bloqueos, ocurrencias y una serie de actos inescrupulosos por hacer de esta Asamblea Legislativa la peor de todos los tiempos.
Es algo menos que un cuadrilátero, donde son todos contra todos, sin importar un comino que, tras los ventanales del edificio del Congreso, el pueblo los mire, incrédulo de lo que ve e impotente ante ello.
Recapacitemos, costarricenses. Es la hora de la responsabilidad pues, si no somos consecuentes con los grandes problemas que atraviesa el país, nos llevará la trampa, para siempre.
Si queremos acabar con la corrupción en la función pública y privada, con los sindicatos vergonzantes; si, en fin, queremos que Costa Rica entre desarrollada al concierto de naciones civilizadas, votemos sin quebrar el voto. ¡Seamos responsables!