Opinión

Morosidad social

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En el barrio donde vivo, nos hemos acostumbrado a escuchar el motor de los carros y buses, que todas las mañanas, de lunes a viernes, entran y salen para llevar a todos los niños a sus respectivas escuelas. Escenario que se repite en las tardes cuando, cansados y felices, regresan a sus casas: su jornada escolar de seis, siete u ocho horas ha terminado.








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