No todas las civilizaciones y gobiernos han dado bienestar a sus habitantes, pero la mayoría han mostrado interés por su salud. Esto porque, históricamente, no se asociaba la salud con el bienestar, sino solo con la enfermedad. Desde hace miles de años se ha pensado que salud es exclusivamente la ausencia de enfermedad.
El canadiense Robert Evans, salubrista, ha mostrado cómo, conforme se fue entendiendo mejor el campo de la salud, la creencia anterior fue evolucionando en cuatro pasos hacia otros paradigmas que han aclarado que SALUD ES MUCHO MÁS QUE AUSENCIA DE ENFERMEDAD y que no puede haber salud sin bienestar. Utilicemos conceptos de Evans para entender nuestra evolución costarricense en este campo.
Paso 1: Si salud es la ausencia de enfermedad, vamos a curar enfermos y se acabó el problema. Ese enfoque fue y ha sido muy eficaz para reducir las muertes innecesarias, sobre todo relacionadas con enfermedades transmisibles como la malaria y la fiebre amarilla, las infecciones comunes y los accidentes, pero, desafortunadamente, no mejora los niveles de salud de la población. La idea anterior generó el crecimiento desmesurado de los servicios de atención médica e hizo inmanejable el llamado "gasto en salud".
Paso 2: El enorme crecimiento en el gasto condujo a crisis financieras en esos servicios. En Costa Rica, como en otros países, nos llenamos de clínicas, hospitales y "camas", con miles de profesionales y técnicos en ciencias "de la salud", y hemos sido víctimas de dichas crisis a las que se han sumado otras generadas por la corrupción.
Paso 3: Aparecen un drama y un paradigma. El primero surgió cuando los análisis mostraron que el aumento en los recursos no produjo un impacto importante en la salud individual ni colectiva y que tampoco hubo conexión demostrable entre las variaciones en el gasto para la atención de la enfermedad y las variaciones en el estado de salud de la población. El cambio apareció cuando, en 1948, la naciente OMS develó un nuevo paradigma al definir salud como un estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de enfermedad, y planteó la pirámide de la atención a la enfermedad en tres segmentos escalonados, al decir que de cada 100 personas que se sienten enfermas, 85 solo necesitan medidas simples o de nivel primario, casi siempre un cambio de hábitos, 12 necesitarán alguna atención de enfermería, farmacia comunitaria o atención médica básica (nivel secundario) y solo 3 necesitarán atención médica especializada o de nivel terciario, con lo que la OMS insistía en que la clave no estaba en formar médicos y menos en llenarnos de especialistas, ni en construir y equipar hospitales, sino en promover la salud y prevenir la enfermedad. En Costa Rica, el drama inicial se acentuó porque los Gobiernos apoyaron mucho más la medicalización, representada por la CCSS, que la creación de salud, liderada por el Ministerio de Salud.
Paso 4: A nivel mundial, como resultado de los cambios provocados por el Informe Lalonde (Canadá, 1974) y por la Carta de Ottawa (Canadá, 1986), que reconocieron los factores sociales y ambientales y los modos de vida como los condicionantes fundamentales de la salud, se trasladó el énfasis al bienestar como objetivo primordial de las políticas de salud: solo mejorando la calidad de vida se puede promover la salud. En Costa Rica el drama inicial continúa porque, aunque el nuevo paradigma ha sido parte de la retórica politizada, hoy podemos leer, en los programas de gobierno que algunos partidos políticos recién han presentado al país, cómo se sigue ofreciendo aumentar la medicalización. Para los costarricenses, en cuanto a salud de la población, el siglo XX todavía no ha terminado.
Cinco áreas. El nuevo paradigma define cinco áreas indispensables para crear salud. Sobre ellas debe enfocarse la acción.
1. Políticas públicas saludables: A lo largo de los años, tanto a nivel internacional como nacional se han definido políticas públicas adecuadas con relación a salud y el marco legal vigente es apropiado para desarrollarlas; en estos aspectos no aparecen escollos.
2. Ambientes saludables, acción basada en la comunidad, desarrollo de actitudes y aptitudes para la vida. El Sector Salud y el Sistema Nacional de Salud, creados por decretos de 1983 y 1989 respectivamente, están constituidos por una red institucional envidiable: Instituto Nacional de Acueductos y Alcantarillados, Instituto Costarricense del Deporte y la Recreación, Centro de Docencia e Investigación en Salud y Seguridad Social, IAFA, INCIENSA, Universidades y otras entidades públicas y privadas que, ayudadas por los ministerios de Educación y Cultura y las municipalidades, pueden consolidar el sistema en toda su capacidad funcional para llevar a cabo las acciones necesarias.
3. Reorientación de los servicios de atención. Con el marco institucional citado, sólo es necesario hacer la debida reasignación de recursos existentes para que cada institución desarrolle la parte que le corresponde. Para esto, hay dos requisitos: uno es la visión de Estado y el liderazgo de un estadista inspirador que pueda despertar, en su equipo de gobierno y en la población, la capacidad de soñar, la imaginación y el empeño necesarios para producir desarrollo económico, el que conduzca al desarrollo social que, a su vez, produzca bienestar y, por ende, salud; otro requisito es un vigoroso Ministerio de Salud con una cabeza rectora capacitada, con visión clara, sentido indubitable de misión, y decidida a liderar no solo al sector Salud, sino a todo el llamado sector social.
Todo está listo para dar el salto en el próximo cuatrienio, retomar el camino y ponernos de nuevo en el puesto de liderazgo que la población de Costa Rica merece. Al final, como siempre, no es asunto de leyes, instituciones ni programas, sino, básicamente, de personas.