En la Universidad de Costa Rica, la resolución de la Vicerrectoría de Docencia de reconocer a estudiantes de cierto colegio privado los cursos de Estudios Generales pone en la agenda de discusión el sentido de la formación humanística universitaria.
En 1952, el rector Rodrigo Facio señala "una falla con la cual la Universidad vino a la vida: la ausencia de una Facultad de Humanidades", que debería ofrecer "un criterio" integrador de su especialización dentro de la cultura general "y ser una espina dorsal". Así, es Facio quien impulsa la reforma que llegaría a crear la llamada Facultad de Ciencias y Letras, transformada luego en Escuela de Estudios Generales, cuyos cursos, a mi manera de entender, deben ofrecer al estudiante universitario la posibilidad de analizar la historia para entender el presente, crear las corrientes filosóficas que han hecho posible el progreso y el retroceso humano y valorar el correcto uso de nuestra lengua como medio de comunicación entre las personas .
Columna vertebral. La formación, como decía Facio, ha de permitirle al estudiante "plantearse problemas y resolverlos, dudar y pensar, y tomar posiciones ética y racionalmente justificadas; reconocer su razón histórica en la obra milagrosa y múltiple de la cultura; comprender la sociedad en que vive y tener un claro concepto de sus obligaciones y sus derechos frente a los demás, y un espíritu generoso y constructivo, con el cual habrá de participar en la obra permanente de mejoramiento social". Esta es la misión de esa columna vertebral e integradora del quehacer académico que son Estudios Generales; es vital porque solo así la Universidad puede tener seguridad de estar formando estudiantes con mentalidad de servicio, conscientes de su compromiso social pues, según Facio, "las profesiones son muy importantes, pero son algo instrumental y, para su correcto y fértil ejercicio, deben afinarse con esmero y energía las calidades humanas, culturales, y sociales de quienes van a usar tal instrumento".
Los Estudios Generales afinan esas calidades que irán configurando un estudiante con conciencia de que, como lo apuntaba Facio, "la superioridad del universitario es simplemente superioridad en la aptitud de servir".
Solo la pobreza. Grandes disparidades existen en el mundo, la pobreza angustia a millones de personas y, como dice Alejandro Llamo, "de momento, lo único que de verdad se ha globalizado es la pobreza". Líderes e intelectuales coinciden en que es necesario dar un cambio de rumbo al modelo de desarrollo. Juan Pablo II, crítico del "capitalismo salvaje", llamó a "globalizar la solidaridad". Naciones Unidas clama por una democracia más participativa. Tenemos el enorme desafío de eliminar la pobreza, la guerra, la intolerancia, la injusticia y construir un mundo nuevo que, como proponía Federico Mayor, bien podría estar basado en la paz y en la democracia, sin desigualdades ni exclusiones, con garantía de un desarrollo sostenible y solidario.
Ese desafío puede y debe ser asumido y liderado por la universidad, bien denominada por Claudio Gutiérrez "conciencia lúcida de la patria". Para ello, la universidad debe mantener su interacción con el entorno por medio de sus actividades de docencia, investigación y acción social, y, muy en especial, debe continuar formado seres humanos, no técnicos, con una visión integral y con meridiana claridad de su misión de servicio.
Por eso, hoy más que nunca, es necesario fortalecer los Estudios Generales, no eliminarlos, ni siquiera poco a poco, con el concepto de "eximir" a algunos.