
El Partido Acción Ciudadana (PAC) comenzó a jugar con fuego. Tanto el candidato Ottón Solís como sus cercanos colaboradores tienen una clara intención de desacreditar el reciente proceso electoral y al Tribunal Supremo de Elecciones (TSE).
Su mensaje tiene la intención de provocar dudas, de insinuar la posibilidad de fraude.
Lo vimos anteanoche, cuando Solís, en un discurso por televisión, dijo de buenas a primeras que han desaparecido "cerca de 5.000 papeletas". Minutos después lo desmintió el TSE.
También lo escuchamos casi comparando esta elección nacional con las internas del PLN, en las que hubo fraude en 1997. ¿Será, acaso, que pretende que se anule la reciente elección?
Declaró además que, "por la paz y tranquilidad social de Costa Rica", es necesario escrutar de nuevo 712 mesas porque esa puede ser "la mejor inversión en democracia, paz y tranquilidad para Costa Rica". ¿Por qué el candidato es tan redundante en la "paz"? ¿Es que su partido la pondrá en peligro ante el rechazo del TSE a recontar a mano lo que ya fue contado?
Si es así, Solís está jugando con fuego. De hecho, hace unos días, se reunió con supuestos representantes de los trabajadores del país, entre ellos, algunos de aquella "comisión" sindical que llamó a desconocer un eventual gobierno de Óscar Arias. Tal grupo, precisamente, lo que quiere es eso: aliados como él.
Si de verdad el PAC está interesado en que el proceso electoral lo gane la democracia, debe dejar la excitación que lo perturba y entrar en cordura y responsabilidad. No debe olvidar que el TSE se erigió gracias a la sangre que derramaron más de 2.000 costarricenses en la guerra de 1948, desatada por un fraude electoral que se dio ante la in-existencia de un organismo como el que hoy tenemos.
Es cierto que el TSE no es perfecto, pero sí es una garantía de que el conteo de votos es transparente, y de que las anomalías son detectables y sancionables. Las hubo, sí, pero no tan graves y decisivas en el resultado electoral como las pintan Solís y los suyos en su delirio de poder.
Hoy, más que nunca en su vida, Solís debe entender que, por un interés personal, no tiene el derecho de lanzar denuncias sin fundamento contra la institución del voto y del TSE y poner en riesgo la estabilidad del país.
En esta hora, debe cumplir su palabra del 9 de febrero, cuando dijo: "Respeto profundamente la institucionalidad".