En todas partes cuecen habas, dicen. La pregunta es si por doquier con la misma receta. ¿La inevitable globalización no entiende de sutilezas e idiosincrasia? Otra vez Navidad. Aquellos negociantes que para variar piensan poner los trineos y nieve artificial harían bien en leer el ensayo de Carlos Fuentes sobre la latinidad. Por eso, para su inspiración, gustó por ejemplo el portal de la Biblioteca en la Universidad de Costa Rica, el año pasado; quizá no era el sumo de la estética, pero sugería una búsqueda. La originalidad se notó también en Informática: un portal hecho únicamente con elementos referidos a computadoras.
Sí, ya sé, para variar voy a nadar contra corriente, pero... no me gusta ese "espíritu" artificial de dizque Navidad. Advertencia a los amigos e interesados en darme algún regalito para salir de paso, vencidos por la presión social: ahórrense el gasto del presente, el papel, la cinta y el trabajo de envolverlo (que eso de seguro también se lo hacen en la tienda, dentro del precio...), regálenme 5 minutos de su tiempo: esa sí es una mercadería apreciable porque no se consigue en ninguna tienda ni se compra con tarjeta de crédito alguna. Lone runner como soy (y asumo voluntariamente el papel), por favor, no me pidan una contribución para el amigo invisible. Hagamos visible al colega o al vecino precisamente por lo que es, diferente de uno, eso sí, todos unidos en un concepto de ciudadanía compartida (porque la ciudad somos todos, no solo el alcalde de turno).
Pongamos en práctica dos o tres valores de buen vecino, pero sin imponerle al otro mi música, mi charanga, mi pandereta. Evitemos ese fundamentalismo de la felicidad que nos imponen a golpe de tumbacocos, de pantalla gigante y de mensaje repetido por enésima vez en esa caja idiotizante.
Sonrisa artificial. Desde noviembre, lo comercial chato obliga a todos a esa sonrisa artificial. Esa parafernalia ya invadió también la academia. Más de un mes perdido. Llegará el momento en que algún centro de enseñanza superior (como lo hace una empresa comercial) promocionará su mercadería invitando a venir en pijama. El año pasado, en cierta universidad pública, la última semana de "trabajo" había más regalitos que actas en los escritorios. El problema mayor es que esa "Navidad" implica un período récord. Empezó inmediatamente después de las fiestas patrias y se prolongará por cuatro meses, hasta entrado enero, con el rezo del Niño, que (salvo contadas excepciones) es farándula social y nada religioso. Ahora todas las instituciones públicas obligan a tomar vacaciones porque la marea parece incontenible. Es la "compraditis aguditis" generalizada.
Volvió la melopeya navideña: la borrachera impuesta, la contentera, porque "la gente" lo manda. Tiene que ser posible otro mundo, sin tanta artificialidad y copiadera barata. ¡Cuán diferente es la vida real de aquella que los medios informativos y el comercio presentan como "auténtica"! Más allá de algún credo determinado, busquemos el espíritu original de aquello, como en aquel poema de Gerardo Diego: "Novedad de novedades,/ y todo novedad,/ la Navidad".