Yo me abstengo, tu te abstienes, él y ella se abstienen…
Esta es la conjugación verbal que se ha puesto de moda en la Asamblea, con motivo de la comparecencia de diferentes ciudadanos convocados a Cuesta de Moras por varios escándalos públicos que se investigan.
¿Se bañó usted esta mañana antes de venir?
Señores diputados, por recomendación de mi abogado me abstengo de declarar.
¿No cree usted que hubo tráfico de influencias en las compras millonarias hechas a la Corporación Shellfish?
Señores diputados, por recomendación de mi esposa, mientras me servía un pinto con huevos hoy en la mañana, me abstengo de declarar.
¿Cree usted que vaya a llover en la tarde?
Señores diputados, aunque mi abuelita siempre pega en estas cosas del pronóstico del tiempo y me recomendó que trajera paraguas, también me dijo que me abstuviera de declarar.
¿No cree usted que, como presidente de la compañía, debía estar enterado de todas esas triangulaciones mercantiles que podrían encubrir acciones ilícitas y favorecer la impunidad?
Con todo respeto, una vez más, señores diputados me abstengo de declarar.
¿Cree usted que Pinto sí nos clasifique para el Mundial de Alemania?
Caballeros, por sugerencia de la señora que vende empanadas en el cafetín, me abstengo de declarar.
Qué fastidio de interrogatorios. ¿Es que los comparecientes saben realmente demasiado y cualquier cosa que digan los puede en verdad comprometer? ¿Es que sus abogados saben tan poco que temen no poder lidiar con cualquier declaración sorpresiva de sus defendidos?
Interesante sería que quienes se ven enfrentados a ese panel de legisladores encararan los cuestionamientos por sí mismos. A final de cuentas, se parte de la presunción de inocencia, y por ahí dicen que quien nada debe nada teme.
Y, por recomendación de mi abogado, me abstengo de seguir con esto.