Opinión

Más lejos... más alto... más plata

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Cuando el pebetero se encienda hoy en Atlanta con la llama (me imagino que aún natural y no de neón) que declara inauguradas las vigesimosextas justas olímpicas de la era moderna, cientos de millones de personas en todo el mundo presenciarán lo que quizá sean los últimos vestigios del espíritu que inspiró al barón Pierre de Coubertin a restaurar, en 1896, la antigua afición deportiva de los griegos.








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