El PUSC y el PLN –este apresuradamente distanciándose del PLUSC por temor al “contagio finlandés”– son los responsables políticos del endeudamiento público, del desperdicio de recursos, de la crisis fiscal y de la corrupción que carcome a la República.
A la irresponsabilidad del “le perdimos el miedo a los ceros”, siguió el menosprecio a las advertencias de que “la fiesta se acabó” y que “la jarana sale a la cara”. Subordinando a sus fines al Banco Central, lo hicieron enjugar pérdidas propias y ajenas; rigidizaron los desbalanceados presupuestos con demagógicos gastos fijos; y sumaron a ello su clientelismo, el desperdicio y la corrupción, que condujeron al desastre y la crisis. Sin reconocer su culpa, exigieron al pueblo “socarse la faja” y le impusieron, “por última vez”, pesados paquetes tributarios, que, en vez de utilizarlos como debían, fueron usados para continuar la fiesta y seguir en el poder.
¿Dónde están los millones de millones de la deuda interna? ¿Serán los de CODESA, CATSA, el Banco Anglo, el Fondo de Emergencias, FODESAF, las pérdidas del CNP y del IMAS, los negocios a costa del IDA y los programas de vivienda, los decretos de media noche de los que ya don Abel no se acuerda, los ciclos fiscales electorales, la creación de entes para el clientelismo, las arroceras, las comisiones finlandesas, españolas, suecas e italianas, las convenciones colectivas, los muelles secos y mojados, y demás? ¿Serán los costos de la indefinición en materia energética y de telecomunicaciones, de la no reforma del Estado y del retraso en la reforma financiera? ¿Serán los millones de la deuda política, manchados con una financiación privada ilegítima e inconfesable, que era lo que se quería evitar? ¿No fue con su participación desde el poder o la sedicente “oposición”, como se tomaron u omitieron todas esas decisiones que condujeron al desastre?
Como si aterrizaran de Marte, no reconocen sus faltas, no muestran arrepentimiento, ni mucho menos rectifican. Más bien, pretenden dar lecciones desde su menguado Olimpo y piden a los ciudadanos que se autocritiquen por actos de los que solo ellos son culpables. Autistas, no ven que sus hechos devaluaron sus palabras y que a nadie le importa su mensaje porque nadie cree en el mensajero.
Coludido, el bipartidismo caduco es el gran gestor de la actual crisis fiscal y moral. Sin embargo, era el que se intentaba restaurar por la minicúpula arista-calderonista, en esas corrongas reuniones de salita privada que, felizmente, no volverán. La restauración del PLUSC, del que hoy don Óscar no quiere acordarse, solo se detuvo gracias –¡muchas gracias!– a su inconfundible “aroma finlandés”.
Pero juntos en el PLUSC o separados por el escándalo, ambos partidos insisten en más impuestos. No los quieren para pagar la deuda interna, sino para financiar sus viejos trucos populistas. Como por la boca muere el pez, su discurso varía según el auditorio: si de empresarios, para pagar la deuda; si de votantes, para construir universidades, carreteras y puentes; y si de burócratas, para salarios.
En otras palabras, quieren cambiar un poco las cosas para que sigan como están y, gracias a los nuevos impuestos, continuar con su disfrute inicuo del poder.